Hace unos años se editaron los programas de La Bola de Cristal en DVD y se vendieron en kioskos. Por supuesto compré algunos y los vi. Como es natural las cosas que a uno le pasaron de pequeño son distintas a cómo las recuerda. Formalmente, por ejemplo, pese a ser un programa tremendamente innovador resultaba difícilmente digerible para un espectador tantos años después porque el lenguaje audiovisual ha cambiado drásticamente.
Pero lo más llamativo sin duda era el tipo de relación con los niños. ¿Eso se le podía decir a un niño? ¿Entendíamos algo? Lo cierto es que toda nuestra generación recordamos La Bola de Cristal con muchísimo cariño, con magia. Probablemente no entendíamos por qué cuando sube la bolsa alguien se embolsa muchos millones. Posiblemente lo preguntáramos. O no. Posiblemente nos flipara más el patito que Fernando Savater, pero se nos presentaba un filósofo como un personaje de éxito. Algo de eso debe quedar. Qué hay que hacer para ser un escritor de éxito. Poca broma.
«Lolo Rico pensaba que los niños eran pequeños, no idiotas«, tuiteaba ayer un tipo que (muy) de vez en cuando dice cosas inteligentes. Seguramente esa sea la clave, no ya de Lolo Rico, de La Bola de Cristal, de toda una forma de relacionarse con los niños como ciudadanos en construcción, no como peleles. Los niños son pequeños, no idiotas. No existen temas de mayores ante el que el niño no deba opinar o deba incluso salir del salón para no escuchar. No existen temas que haya que esconder en un programa infantil. Ni en un Telediario.
La muerte ayer de Lolo Rico, de la creadora de La Bola de Cristal, me sucedió en la semana en que mi hijo cumplirá seis años, una edad parecida a la que yo empezaba a ver La Bola de Cristal. Y quizás me ha hecho entender muchas cosas. A mí nadie me dijo nunca «calla, que estos son temas de mayores» y no sé si eso me hizo mejor niño, pero estoy convencido de que me ha facilitado ser mayor.
Un niño quiere conocer el mundo que ve, con sus herramientas; no puede entender el mundo que se le oculta, el que le dicen que no es para él, que es para otras personas que saben más. Lo mismo que sucede en una sociedad entre los mayores. En eso un niño es idéntico a un mayor. Aunque sea más pequeño.
La Bola de Cristal no era sólo un buen programa infantil. Era un programa demócrata. Porque ayudaba a crear ciudadanos libres, no idiotas distraídos sino personas pequeñas que se entretienen (mucho) conociendo el mundo real, ignorando sólo una cosa: que hay gente tan idiota que se cree que quienes son pequeños, quienes no mandan, son idiotas.
Gracias.