No tengo muy claro por qué la hidra aznarista se niega a condenar el franquismo. No pasaría nada. Condenar algo ya se ha convertido en un ritual que no exige coherencia alguna con esa condena. Y no creo que a estas alturas a los votantes del PP y Ciudadanos, los partidos que ayer se negaron a condenar la dictadura franquista en el Senado, fueran a castigar una condena de la que probablemente ni se enteraran. Si hasta Aznar en los años 90 se hacía pasar por admirador de Manuel Azaña…

Lo más revelador de la votación de ayer en el Senado fue la enmienda que propuso el Partido Popular: pedía ilegalizar las organizaciones que defiendan el «comunismo y todas aquellas ideologías populistas que fomenten el enfrentamiento entre ciudadanos«, eso sí, para «seguir protegiendo los valores fundamentales de nuestra democracia recogidos en nuestra Constitución española de 1978«.

Vamos a dejar a un lado la patochada de ilegalizar cualquier «populismo que fomente el enfrentamiento entre ciudadanos», dado que es una definición que permitiría ilegalizar a cualquier organización política que defienda algo que no defienda todo el mundo. Dejamos de lado, por supuesto, que prefieran ilegalizar a partidos por tener una ideología que no les gusta que a, pongamos, un partido que hubiera creado «un auténtico y eficaz sistema de corrupción institucional».

Más allá de eso, son muy raros estos constitucionalistas. Uno de los titulares ya olvidados que logró Pablo Casado fue anunciar que iba a proponer «una Ley de Concordia que reivindique la Transición» (con la que derogaría la Ley de Memoria Histórica). ¿Qué parte de la Transición quiere reivindicar Pablo Casado? El hito fundamental que hizo creíble para el mundo que España estaba recuperando la democracia fue la legalización del Partido Comunista de España. Y ahora el PP, para condenar la dictadura que asesinó a 150.000 españoles, exige revertir los principales avances democratizadores de la Transición.

Sería una forma muy rara de reivindicar la Transición; suena extraño condicionar la condena a una dictadura a que se reduzca caprichosamente el pluralismo político (condenar la dictadura para recortar la democracia). Pero ya sólo produce una sonrisa. Estamos ya demasiado acostumbrados a que la derecha española use la Constitución y la Transición no para referirse al texto constitucional que tenemos ni a los hechos que sucedieron en España a finales de los 70, sino como una religión política inquisitorial, un martillo de herejes, que sirve sólo para echar del campo de lo políticamente legítimo a quien no esté pegado a los salmos del PP.

Lo más curioso es que el relato que nos contaron de la Transición era justamente el contrario: que fue el momento en el que hubo apertura para que todo el que no fuera un fascista inadaptado o un terrorista tuviera cabida en la política española. Están cambiando el relato tanto que en la Transición que nos quieren defender ya sólo cabría esa Alianza Popular que no votó a favor de la Constitución.