«Puede no compartir la sentencia, pero supongo que la acata ¿no?»; «se comparta o no la sentencia, hay que respetar a la Justicia»; «Dura lex, sed lex«… Cada vez que los tribunales han emitido una sentencia difícilmente aceptable recitábamos la retahíla de tópicos para evitar las críticas. Uno a uno han sido tumbados por el Tribunal Supremo. Es el propio Supremo el que ha decidido no acatar la sentencia del Supremo sobre el pago del impuesto a las hipotecas. Es la propia Justicia la que ha decidido faltarse el respeto a sí misma, es el Tribunal Supremo el que ha decidido flexibilizar la ley para regatear una sentencia propia y reducir su aplicación al mínimo.

Al conocer el texto dictado por la sala contencioso-administrativa llamé a mi buen amigo Jorge Caplan, abogado con experiencia en asuntos bancarios y que trabaja habitualmente con el Tribunal Supremo. «En el caso de que haya sentencias contradictorias hay un recurso para unificación de doctrina para dirimir, pero esto no sé lo que ha sido, creo que nadie lo sabe; es que han montado una estructura que yo no sé si tiene encaje legal. Porque lo de juntar a toda la sala se hace en temas complejos antes de emitir la sentencia.. aquí lo han hecho a posteriori«, me dice Caplan. «Es una cosa inexplicable y que hasta donde yo sé no tiene precedente. Por la nota de prensa del C.G.P.J. se deduce que en los próximos días publicarán las sentencias, supongo que enmendadas, pero yo no conozco la estructura que soporta esto. Una cosa es cuando hay discusión y el Tribunal Supremo o un Pleno de Magistrados de Audiencia Provincial fijan un criterio, pero desdecir una sentencia que ha declarado nulo un Reglamento es una barbaridad.»

Seguro que esta mañana ya estarán circulado los argumentarios para que tertulianos y columnistas dóciles puedan explicarnos que no tenemos ni puta idea, que hay que respetar a la Justicia y acatar esto que ha publicado el Supremo, sea lo que decidan que ha sido, que la ley es dura, pero es la ley. Ayer no había un solo jurista que pudiera explicar por qué el Tribunal Supremo había hecho este giro contorsionista salvo porque la banca siempre gana.

No sé si la banca española podía resistir pagar los impuestos que le tocaban y que encasquetó a los ciudadanos de a pie. La que no va a poder resistir el golpe es la Justicia española, que ha perdido por su propia voluntad toda la legitimidad que da ser una justicia independiente. Porque la separación de poderes y la independencia judicial debe abarcar al poder económico y ayer se evidenció que nuestro poder judicial se somete sin disimulo a la banca, la misma banca a la que se sometió el gobierno arruinando a los españoles para rescatarla. Aquel Gobierno como este Tribunal Supremo responden a la banca: la democracia es precisamente el sistema por el que el pueblo elige unas instituciones fuertes que defiendan al pueblo de los poderosos y estamos viendo que sucede lo contrario. La misma crisis de régimen que acarreó aquella felonía toca de nuevo a la puerta con ésta.

No es de extrañar que millones de españoles estén hartos. Muchos de ellos porque saben lo que les está costando pagar la hipoteca. Todos porque sabemos que en la última década hemos pasado a vivir peor porque nuestro país, nuestras instituciones, nuestros derechos, se han puesto al servicio de una banca que reparte dividendos millonarios mientras los salarios españoles bajan, las Pymes están asfixiadas y los pensionistas tienen que poner en jaque a los gobiernos para que no baje el poder adquisitivo de las pensiones por las que cotizaron toda la vida.

No es la democracia, es el mercado, amigos.