Creo que el del pasado viernes fue el primer tuit que me generó cientos de insultos de catalanes (el perfil sociológico de los insultos que recibo en twitter suele ser otro, qué le vamos a hacer). El tuit decía que entendía «perfectamente el enfado de PDCat y ERC. 15 años o más de cárcel por lo que sucedió en Cataluña es una barbaridad incompatible con el principio de proporcionalidad. Pero no votar unos presupuestos que harían vivir mejor a los catalanes me parecería un error mayúsculo.» Nada del otro mundo, creo, aunque quizás en un momento de especial sensibilidad (que comparto) por las injustificables penas que se pide a los dirigentes políticos catalanes independentistas.

Según escribo esto el tuit tiene algo más de dos mil respuestas. Algunas discrepancias fueron respetuosas (Gabriel Rufián, Albano Dante Fachín); alguna periodista compara mi tuit con Franco o con cualquier dictador al tiempo que me explica que parezco un párvulo y que si fuera adulto le daría la razón. Qué se le va a hacer: cada cual argumenta como sabe o quiere.

No vamos a venir ahora a llorar y descubrir que hay quien aprovecha la distancia o el desconocimiento para insultar o disfrazar de argumentos los meros ataques ad hominem. Pasa en Twitter como pasa en los atascos, cada uno metido en su coche e insultando al de al lado.

Me parece más relevante el argumento más repetido en aquellas respuestas con apenas diferencias estilísticas: nos la sudan vuestros presupuestos, para que Cataluña viva mejor (para que suban las pensiones también de los catalanes, mejore la dotación a la dependencia también de los catalanes, haya una fiscalidad que permita aumentar el gasto social, suba el Salario Mínimo Interprofesional también de los catalanes) lo que tenemos que hacer es independizarnos, meteos vuestras migajas por el culo.

Todo ello podría ser razonable con una prosa más delicada y, sobre todo, con un principio de realidad más consolidado. En noviembre de 2018 es un poco absurdo decir que en vez de los presupuestos de 2019 lo que va a hacer Cataluña es independizarse. Hace algo más de un año ya hubo traidores que trataron de explicar que más allá de lo conveniente o inconveniente del proyecto independentista, ni había las anunciadas estructuras paralelas para un nuevo Estado ni había ninguna posibilidad de que la anunciada independencia se llevara a cabo así. Unas semanas después el Parlament aprobó una proposición no de ley heroica para unos y golpista para otros (una proposición no de ley, insisto) pero que acabó con la Generalitat intervenida por Rajoy y la dirección política de Cataluña en la cárcel o en el exilio. Un año después Cataluña tiene un Govern que no da un paso fuera de la legalidad y unas amenazas de cárcel brutales. Ni un solo avance para los independentistas y un impresionante deterioro político para Cataluña.

No tengo claro que el conflicto catalán (y el español) tengan solución. De tenerla se trataría de un trabajo de orfebrería, de muchísimo detalle, de movimientos cortos para desenquistar un enfrentamiento y hacer posible una solución. Algo necesario para toda España y para Cataluña excepto para la hidra aznarista, encantada con el colapso y la escalada de conflicto y represión. Estoy convencido de que si hay alguna salida pasa por el entendimiento a fuego lento entre las muy distintas opciones democráticas españolas y catalanas que generen un nuevo marco español en el que Cataluña no se sienta atacada y encadenada. Un marco pacífico, fraternal y democrático, que no se decreta sino que se trabaja con paciencia (e incomprensión muchas veces).

Probablemente pequé de ingenuo o de frío con ese tuit pidiendo (tan pronto) que pese al hachazo moral que suponían las peticiones de pena los partidos independentistas mantuvieran la cabeza fría y pensaran estratégicamente. Asumo completamente ese error (que viniendo de un tipo políticamente irrelevante no creo que sea dramático, pero da igual). De hecho, me resulta una obviedad que desde la moción de censura en el Congreso para acá, el independentismo se ha comido (con inteligencia) más sapos que el PSOE (con cobardía pese a su probable sensación de estar siendo heroicamente audaz). Del mismo modo, creo que era una ingenuidad pensar que el gobierno de Pedro Sánchez fuera a impulsar una sumarísima vuelta a la racionalidad de la Abogacía del Estado y de la fiscalía: porque sí, los gobiernos españoles influyen en la fiscalía y hasta en los jueces (especialmente en las altas magistraturas), lo sabemos todos aunque también sabemos que hay que hacer como que no es así. Pero sólo se podía pensar que el gobierno iba a alentar un cambio tan rápido entendiendo la política como un juego de rol ajeno a la realidad política y al PSOE como un partido mucho más valiente de lo que es.

Debilitar una mayoría parlamentaria como la actual, renunciar al presupuesto que rompe con lustros de inercias antisociales y facilita consolidar un lento pero importante cambio político, buscar nuevas elecciones generales que lo mejor que pueden traer es unas mayorías parlamentarias como las actuales… es jugar a ser el escuadrón suicida de La Vida de Brian para que se enteren los españoles. Mientras, la hidra aznarista empieza su Don Pelayo´s Tour en Alsasua.

Seguro que pequé de ingenuo y no entendí que ese día (quizás hoy tampoco) no se podía decir esa obviedad. Pero quien quiera desatascar el conflicto español y catalán (que es, hasta ahora, una monumental acumulación de fracasos) sabe que va a tocar mucha cabeza fría, mucha incomprensión, mucho paso corto y una mirada muy larga.