En los cinco meses que lleva de President, Torra ha demostrado que no tiene en mente incumplir la legalidad española y que lo va a compensar elevando la retórica.
El lunes la calle le gritaba a Torra «República o Dimisión«. Torra no contestó a la calle sino que elevó la reclamación a Sánchez: «Referéndum o elecciones«.
Todos sabemos que Torra no tiene fuerzas para proclamar una República Catalana. No sé si Torra querría, pero es evidente que no puede. Exigirle a Torra República o dimisión es llamarle a la dimisión, aunque los manifestantes no tengan capacidad inmediata para forzarla. Del mismo modo Torra sabe que el gobierno español no tiene fuerzas para acordar un referéndum en el próximo mes. En este caso además es probable que este gobierno no quiera; pero un gobierno en análogas circunstancias parlamentarias (e internas, no olvidemos que el PSOE sigue siendo el de Susana Díaz, García-Page y Lambán entre otros) que quisiera llegar a un acuerdo sin líneas rojas no tendría fuerza para que el referéndum fuera posible en un mes. El propio ultimátum de Torra es la evidencia de que lo sabe. Plantea un ultimátum porque sabe que el gobierno de Madrid es más débil que el catalán. Y le pide que aunque sea más débil, sea más valiente que él.
Es posible que Torra lleve a cabo su ultimátum y deje al gobierno en minoría por un tiempo o realmente hasta el final de la legislatura: tampoco sé si controla al PDCat y a su grupo en el Congreso, pero probablemente no surjan ahí las dificultades. Es de los pocos actos que aparentarían firmeza y que Torra se puede consentir, así que no es descartable.
Lo que es seguro es que a Cataluña no le traería nada bueno la consumación del ultimátum. Tampoco a los independentistas. Si hubiera elecciones habría dos escenarios probables: o un gobierno similar al actual con apoyos más o menos parecidos (quizás con más escaños propios pero nunca con mayoría suficiente para ir en solitario) o un gobierno del Partido Popular de Pablo Casado y Ciudadanos, partidos que están pidiendo aplicar el 155 sin esperar siquiera a que haya algún incumplimiento de la legalidad.
Es obvio lo perjudicial que sería para Cataluña y para la democracia (especialmente en Cataluña) un gobierno de PP y Ciudadanos. Pero también es obvio que un gobierno parecido al actual tendría un margen de actuación parecido al actual en el mejor de los casos. ¿Cuál sería la ganancia para Cataluña, para toda Cataluña, pero también para los independentistas? Ninguna. El único que ganaría algo es Torra: tiempo y apariencia de firmeza.
Si el conflicto catalán tiene alguna salida, ésta se encontrará a fuego lento. Y es posible que a fuego lento quepa todo. Quien pretenda una solución inmediata que calme los golpes de pecho sólo conduce a Cataluña y a España a callejones sin salida cada vez más oscuros.