Ayer se presentó un vídeo en el Congreso sobre el 40º aniversario de la Constitución vigente. Y es infame.

-Lo primero es suponer que lo que había en España hace 40 años era un enfrentamiento civil entre españoles de a pie, entre esos dos ancianos. Claro que ellos pueden hablar y entenderse. En la Guerra Civil hubo una porción del ejército que se levantó contra una democracia con la intención de instaurar una dictadura análoga a las fascistas europeas, que le ayudaron a ganar la guerra. Lo cual no quiere decir que todas las personas que combatieran en ese bando fueran unos fascistas y mucho menos que lo siguieran siendo toda la vida. En el bando golpista se podía estar por múltiples razones: desde meramente geográficas (que la guerra «le pillara en bando nacional») a que creyera equivocadamente que un católico, un conservador, un monárquico… tuviera que estar en ese bando… Del mismo modo que nunca se critica a las personas que participaron en el 23F sin saber en muchos casos adónde estaban yendo. Sobre todo es fácil que alguien que en 1936 se sumara a un golpe contra la democracia porque habían ganado las elecciones los otros comprendiese con el tiempo que con los otros hay que convivir. El conflicto en los años 70 no era entre españoles; era entre España y un grupo que amputaba las libertades, los derechos y el autogobierno a los españoles y que de paso les robó a manos llenas. No había conflicto entre dos viejos anónimos; había conflicto entre pueblo español y dictadura.

-Por supuesto que no hubo un «bando nacional». Y si hubo un bando nacional fue el que defendió la República, pues defendía la soberanía nacional, esto es, que los españoles se autogobernasen. El bando golpista, franquista, fascista o, incluso asumiendo su retórica, el bando alzado no era un bando nacional.

-Tampoco es decente equiparar ambos bandos. En España había una República, una democracia con carencias, por supuesto, que los historiadores han analizado: esos historiadores a los que Pablo Casado acusa de haber hecho una «relectura sectaria de la Historia» evidenciando sus carencias intelectuales. A ningún demócrata se le ocurre que las carencias de la democracia actual, que no son pocas, justificara un golpe de Estado militar. Si hubiera un golpe de Estado militar hoy (tan justificado como en julio de 1936) a ningún demócrata se le ocurriría equiparar a los golpistas con el gobierno democrático.

-«Por fortuna, hace 40 años aprendimos a hablar entre nosotros». No, majos, no. Los españoles sabíamos hablar entre nosotros. Los españoles no somos gilipollas ni menores de edad. Que no sabíamos hablar entre nosotros es la justificación de la dictadura: el pueblo español no está preparado. Sabemos hablar entre nosotros desde hace siglos. Lo que pasa es que a algunos con poder financiero, militar y eclesiástico no les gustaba lo que decían los españoles entre ellos. Por eso nuestros siglos XIX y XX están plagados de intentos por callar a los españoles: no porque no sepamos hablar, sino porque no querían que habláramos, precisamente porque sabíamos hacerlo. ¿A Marcelino Camacho lo metieron en la cárcel porque no sabía hablar con otros? ¿A los abogados de Atocha los asesinaron porque no sabían hablar con otros? ¿Billy el Niño torturaba porque ni él ni los torturados sabían hablar? ¿Robaban niños a sus madres por la incapacidad (de las madres o de los bebés, no sabemos) de entablar una conversación relajada? La infinita mayoría españoles sabían hablar entre ellos: en 1975, en 1936, en 1873, en… pero antes de 1978 un grupito de delincuentes que habían secuestrado el Estado no les dejaba.

Lo peor que le pueden hacer a la Constitución de 1978 es presentarla como una síntesis superadora del conflicto entre franquismo y antifranquismo, es decir, entre dictadura y luchadores por la democracia. Si se quiere defender a la Constitución de 1978 en tanto que Constitución democrática debe presentarse como la superación de la dictadura, su derrota (una derrota amable, si se quiere), la devolución de la voz a todo el pueblo español. Las derrotas, las carencias, los límites del 78 se pueden hasta comprender en el marco de un proceso extremadamente difícil, lleno de miedo y amenazas. Lo que nunca se puede presentar es como conquistas: qué bien que renunciamos a la justicia, a poder votar la jefatura del Estado, a un Estado más democrático, laico y moderno. El propio editorial de El País en defensa de la Constitución el 24 de febrero de 1981 es muy crítico con el hecho de que no se hubiera limpiado de golpistas las fuerzas armadas: eso no fue un acuerdo a celebrar sino una insuficiencia a diagnosticar, entender… y corregir: vale mucho la pena leerlo para comprobar que la idealización de aquellos años es una construcción muy posterior.

Hace unos días Pedro Sánchez soltó una enigmática frase explicando que el Valle de los Caídos no se podía resignificar, que no podía ser un lugar de reconciliación. Lo impresionante es que el vídeo del 40º aniversario de la Constitución usa una retórica extraordinariamente cercana a la que emplean los franquistas para explicar el Valle de los Caídos: un lugar de reconciliación entre las dos Españas de una guerra que hemos sabido olvidar («Hemos olvidado la Guerra, lo que ni hemos olvidado ni vamos a olvidar es la Victoria», dijo Torcuato Fernández Miranda en 1973). La cruz, cuentan aún los benedictinos que custodian a Franco en el Valle de los Caídos, es símbolo de reconciliación universal porque es el encuentro entre dos líneas con direcciones opuestas. Parece que no vamos a resignificar el Valle de los Caídos para que tenga cabida en una democracia. Vamos a resignificar la democracia para que tenga cabida en el Valle de los Caídos.

La democracia es un bien absoluto, entre democracia y dictadura la virtud no está en el término medio. Nunca se ha logrado una democracia plena y en el 78 se estuvo mucho más lejos de conseguirla de lo que estaríamos ahora, sin amenaza golpista ni resortes dictatoriales, incluso sin violencia de ETA, GRAPO, sin los constantes crímenes de extrema derecha, si se elaborara ahora una nueva constitución. Eso se puede y se debe entender, pero presumir de eso es un insulto a la Constitución del 78: ellos sabrán.