¿Qué pasaría si hoy se rodase una película como Operación Ogro o incluso como Días Contados? ¿Cuántos juicios habría por ofensa a los sentimientos religiosos si el estreno de La vida de Brian fuese hoy en vez de hace cuarenta años? ¿Tienen que matar a quien hace chistes para que todos nos pongamos en procesión a defender la libertad de expresión?
El problema que tenían hasta el disparate judicial los chistes de Carrero Blanco es que sonaban antiguos e infantiles. «Carrero Blanco campeón de salto» lo decían los niños hace treinta años. Quizás por eso la tuitera condenada a un año de cárcel hizo esos tuits en su adolescencia. Como hizo otros tuits a los que ahora se agarran los más reaccionarios de este país para disculpar la aberración de una sentencia judicial infame.
Supongo que cuando todo el mundo de orden marchó por París diciendo Je Suis Charlie no se referían a que a tanta gente le entusiasmaran los chistes de la revista Charlie Hebdo. Si los conocían, muchos serían conscientes de que muchos eran chistes que les repugnarían. Pero no hacía falta conocerlos para entender que en ningún caso ningún chiste justifica un asesinato. Nos solidarizamos por la afrenta a la libertad de expresión y los derechos humanos, no porque nos gustaran o no los chistes que habían ofendido a quien fuera.
Afortunadamente hay una diferencia de escala brutal entre lo que ha pasado con Cassandra Vera y lo que pasó con Charlie Hebdo. La hay (infinita) en el nivel de represión. También la hay en el disparate que supone ir buscando todos los tuits de chavales que pueden decir cosas que nos disgusten (o no) en las redes sociales: es decir, lo mismo que dicen hablando con amigos pero con la diferencia de que ahora lo dejan por escrito. Es una aberración condenar a nadie a un año de cárcel por un chiste incluso si el chiste fuera una aberración y mucho más aunque el chistoso hubiera hecho otros chistes que no nos gustaran como parece pretender Cristina Cifuentes (superada la inquisición, juzgamos hechos, no personas). La sanción contra los chistes malos, ofensivos… es dejar de escuchar al chistoso, no encarcelarlo.
Por explicarlo claramente: uno piensa que gente como Alfonso Rojo, Salvador Sostres, Jiménez Losantos… escriben basura infame que no merece aparecer en medios públicos ni recibir financiación de la caja B del PP para sus medios de comunicación y por tanto evito los medios de comunicación que les pagan por sus vómitos: desgraciadamente escupir esa bilis es su producto comercial y muy rentable (una gran diferencia con la adolescente que no ganaba dinero con sus chistes en tuiter). También creo que un autobús que intente generar odio y decirle a niños y niñas que no son normales, que son enfermos… no debe poder circular por donde pueda haber esos niños y niñas. Pero no se me ocurre que todos estos expendedores de basura tuvieran que ir a la cárcel.
Todo esto se entendía muy bien hace unas décadas. Por eso a Krahe le juzgaron por su vídeo en el siglo XXI y no a finales de los 70 cuando lo publicó. Es la diferencia entre quienes se proclaman (con más morro que vergüenza) «liberales» y quienes defendemos la Libertad.