En el delicioso ensayito Las leyes fundamentales de la estupidez humana, Carlo M. Cipolla (que, por lo demás, fue un sesudo historiador económico italiano) define estupidez como acción que causa daño a otro sin beneficio propio o incluso con perjuicio propio. La estupidez sería una fuerza poderosa y más peligrosa y nociva incluso que la maldad, pues la maldad (hacer daño a otro en beneficio propio) es racional y por tanto, al menos, previsible.

Hay dos formas no excluyentes de interpretar lo que han hecho el PP, el PSOE y Ciudadanos al oponerse a la proposición de Podemos de legislar la eutanasia.

Una, quizás la más amable, es considerar que PP, PSOE y Ciudadanos han demostrado comportarse como estúpidos en el sentido de Cipolla. Que se regule la eutanasia para que los ciudadanos puedan decidir libremente levantar la mano contra sí mismos (como definía Jean Amery a la muerte voluntaria) o no hacerlo si así lo prefieren con idéntica libertad. Negándose a tal regulación PP, PSOE y Ciudadanos no benefician a absolutamente nadie (no parece haber nadie que defienda una eutanasia obligatoria) y perjudican a quienes decidan libremente que es el momento de terminar.

La otra interpretación es entender que lo que hacen PP, PSOE y Ciudadanos es imponer una uniformidad ideológica moral a los actos más íntimos de los ciudadanos (¿hay algo más íntimo que la muerte?). Y eso viene a ser el elemento diferencial del totalitarismo.

Causa vergüenza que partidos que compiten por ser el partido de los «liberales» (liberalismo y democracia, las palabras más maltratadas de las últimas décadas) prohiban que los individuos sean libres de decidir sobre sus vidas en lo que no afecta a ningún otro individuo.

Pero más vergüenza aún causa que el PSOE, cuyo más digno episodio en los últimos años fue atreverse a ampliar los derechos y poner a España en la vanguardia de la igualdad y la libertad con el matrimonio igualitario, no se atreva a empujar a nuestro país hacia la modernidad.

No regular la eutanasia causa sufrimiento, reprime la libertad de las personas más débiles (quienes no tienen impedimentos físicos no tienen ningún límite legal al suicidio) y no beneficia más que a quienes quieren imponer su moral por la fuerza a otros ciudadanos. Se sitúan junto a quienes querían reprimir el matrimonio igualitario hace nada, el divorcio hace un poco más y cualquier avance en libertad siempre.

Es un acto estupido según la idea de Cipolla, pero según las categorías más mundanas que usa uno es simplemente un ejercicio de maldad.