Los ataques al Ayuntamiento de Madrid desde el princpio fueron por temas absolutamente anecdóticos (o inventados o grotescamente manipulados). Ello colocó en el punto de mira a la Concejalía de Cultura: es difícil encontrar en otros ámbitos trajes de reyes magos, obras de títeres que sacar de quicio… Así empezaron los ataques contra la gestión municipal antes de que empezar a andar: con una campaña brutal y ridícula (pero que en el momento inicial del Ayuntamiento fue efectiva) contra Guillermo Zapata por los famosos tuits.
Así las cosas Celia Mayer afrontó una concejalía tremendamente complicada, que no tenía prevista. Y ha afrontado desde ella con enorme entereza y dignidad los ataques injustos que los enemigos del Ayuntamiento fabricaban.
Hay muchos síntomas de que la legislatura municipal en Madrid ha pasado un punto de inflexión. Desde hace cuatro o cinco meses la propaganda contra el Ayuntamiento cae en saco roto y la percepción popular de la gestión es muy positiva: una prueba evidente fue el fracaso de las críticas contra el uso peatonal de Gran Vía en Navidad y contra las (incómodas) medidas contra la contaminación y por una movilidad más moderna. Ello, además, al tiempo que la propaganda de la nada del gobierno de Cifuentes se desinfla.
Pasado este punto de inflexión parece más que razonable que el Ayuntamiento reordene en medio de la legislatura algunas funciones. Y dentro de ese reordenamiento dar a la igualdad la importancia que merece (y que las madrileñas mostraron el pasado 8 de marzo) prueba que el cambio ha llegado para quedarse y que se ponen en el centro los derechos de las mujeres, no como mera retórica sino como tarea de gobierno protagonista.
Que Celia Mayer coja las riendas de la Igualdad en Madrid no puede ser visto precisamente como ese castigo que muchos anunciaban hasta conocer la realidad sino un maravilloso reto para el que está preparadísima tras conducir con una gran dignidad la responsabilidad más castigada de la primera parte de la legislatura.
El Ayuntamiento está más sólido que nunca, los ataques de sus enemigos apenas han hecho mella en la fase de fragilidad y comienza la etapa de la legislatura en la que empiezan a ser visibles los frutos del trabajo sordo la primera parte. Mala suerte para quienes buscan debilitarlo. Si de cada cambio para afrontar el futuro quieren hacer una crisis, ¡que vengan muchas más crisis en el Ayuntamiento!