Aprovechando la fiesta madrileña del Dos de Mayo hablaron los mejores herederos de Fernando VII, el rey felón, esos que hacen las veces de gobernantes españoles mientras entregan la patria en secreto a poderes ilegítimos. En comandita salieron Cristina Cifuentes, Mariano Rajoy y Albert Rivera a explicarnos que los vetos son malos para la democracia. Con su particular capacidad pedagógica, Mariano Rajoy acertó a explicarlo con un conciso «los vetos son malos para la democracia«.

Resulta sorprendente la solemnidad de la consigna pues Partido Popular y Ciudadanos, los dos partidos que nos aleccionaban contra los vetos, son los dos partidos que más vetos han decidido que hay poner a otros partidos. Ninguno de los dos considera tolerable pactar con Podemos ni con ninguno de los partidos independentistas. Suponemos, aunque no lo digan, que sus vetos incluyen a Izquierda Unida. Sabemos que Partido Popular y Ciudadanos tienen esa verborrea de nuestra caverna mediática que hace incluir entre los independentistas a partidos como Compromís (Ciudadanos ya vetó a Compromís en 2015 a diferencia del Partido Popular de la Comunidad Valenciana, al que nunca vetó, faltaría más). Si Compromís es demasiado independentista debemos suponer que el PNV tampoco es tolerable, aunque sabemos que la excusa antinacionalista puede encontrar un subterfugio si el PNV atiende a razones. No sabemos exactamente a cuántos partidos vetan PP y Ciudadanos, pero es obvio que a más que ningún otro partido.

A lo que se refieren el Partido Popular y Ciudadanos es a no vetarse entre los partidos de orden, es decir, se refieren a que el PSOE se entregue no sólo a Ciudadanos sino, de una vez, también al Partido Popular. Esto es, que por encima de la corrupción estructural, las cloacas antidemocráticas, los recortes sociales, los recortes de libertades, etc… finalmente hay más que une a PP, Ciudadanos y PSOE de lo que los separa.

La denuncia de los vetos es una chorrada. El PP y Ciudadanos vetan a aquellos cuyas políticas reales son incompatibles con las suyas. Es lo que hacen todos. No se trata de vetos sino de líneas de incompatibilidad política. Lo que ocurre es que para que haya una suma viable el PSOE tiene que buscar compatibilidades donde en esta legislatura abortada no las encontró. Y las tiene que buscar con los que saquean y roban o con quienes quieren cambiar el país. Ha desperdiciado la ocasión de hacerlo y tras el 26 de junio estará ante la misma opción aunque seguramente mucho más débil.

No se trata de que no haya vetos: todo el mundo tiene los suyos. Se trata de identificar con qué es incompatible cada cual: si con los que mantienen el orden actual y sus estructuras corruptas y de saqueo y recorte o con los que introducen cambios sustanciales para acabar con esas inercias. Lo que no puede hacerse es tener el discurso del cambio sin querer incomodar a los señores de Panamá. Es a lo que ha jugado el PSOE. Pero eso no es un problema de vetos sino de intentar cuadrar un círculo imposible.