En su rueda de prensa de ayer, Pedro Sánchez apeló reiteradamente en primera persona del plural a las «fuerzas del cambio» que están «a izquierda y derecha». Se refería a cualquier fuerza que no fuera el PP aunque con la salvedad de que los partidos independentistas no están en su agenda de posibles aliados (a diferencia del anterior gobierno del PSOE, por cierto, que se apoyó sensatamente en la ERC de Carod Rovira). El «cambio» en palabras de Pedro Sánchez supone cualquier cosa que no sea un gobierno del PP. Esto es, lo que importa no es el qué sino el quién: en concreto quién no. Cabría preguntar si un PP sin Mariano Rajoy no sería también una «fuerza del cambio».
Pese a que su foco estaba claramente puesto en el quién insistió en que lo importante es el qué, el programa de gobierno. Y lleva razón.
Por eso vale la pena recordar algunos Qués de Ciudadanos. Ciudadanos propone ese contrato único que Pedro Sánchez equiparó a despido libre y que viene siendo la propuesta de los lobbys de pensamiento del IBEX35 desde hace años. Ciudadanos propone mantener la discriminación xenófoba en la Sanidad que introdujo el Partido Popular. Ciudadanos propone simular que la violencia machista no tiene un carácter de género y equiparar una reyerta entre vecinos con el goteo sistemático de asesinatos machistas.
Más allá de lo que propone, hemos visto los Qués de Ciudadanos en lo que hacen. Los madrileños tenemos un gobierno del PP de la Púnica porque Ciudadanos le dio la investidura y le apoya en todas las decisiones relevantes (Telemadrid, Presupuestos…). En Madrid inauguró Ciudadanos su «capacidad de diálogo» para acordar el reparto de la Mesa: aquí también avaló lo que fuera con tal de tener más cargos de los que le corresponde y dio la presidencia de la Asamblea al PP a cambio de tener (siendo la cuarta fuerza) la vicepresidencia primera, algo parecido a lo que pactó con PSOE y PP en San Jerónimo: una sobrerrepresentación de Ciudadanos que, además, regala una falsa mayoría a PP y Ciudadanos. Es decir: el diálogo del que Ciudadanos presume es un reparto de sillones sin contenido sustantivo alguno. Es legítimo pero no es nada más que eso.
Eso sí: Ciudadanos no tiene en su logo una gaviota, su color corporativo no es el azul sino el naranja (que el PP apenas utilizó) y su candidato no es Mariano Rajoy sino Albert Rivera. Si con eso basta para hablar de cambio, Ciudadanos es cambio.
¿Es imposible un acuerdo que incluya a Ciudadanos? Personalmente no lo creo. Lo que ocurre es que para ello Ciudadanos tendría que dejar de defender casi todo lo que defiende y dejar de operar para aquello para lo que auparon a Ciudadanos que es para frenar el cambio real. Es decir, Ciudadanos tendría que dejar de ser Ciudadanos. Y exigir eso sí que sería arrogante. Pero es una posibilidad dado que probablemente lo único que despierte auténtico pavor en Ciudadanos no sea la ruptura de España sino la repetición de elecciones en las que sería quien más tuviera que perder. Igual Ciudadanos decide apoyar un gobierno que introduzca cambios sustantivos sólo para evitar que las urnas redimensionen a Ciudadanos, pero realmente es poco previsible que traicione así su origen y desde luego le pasarían la factura de bastantes deudas.
Cuando hablamos de cambio no hablamos de una mera sustitución del PP. Eso ya lo teníamos, lo tuvimos desde el principio. Recuérdese que el 15M no nació con un gobierno del PP sino con aquel gobierno del PSOE que ya había empezado en mayo de 2010 los recortes sociales que le mandaba la troika pero que aún no había puesto en marcha la reforma del artículo 135 de la Constitución. La mera alternancia entre PP y PSOE no es cambio porque eso ya lo teníamos, la mayoría de los españoles no recordamos otra cosa.
Cuando hablamos de cambio lo que queremos es un nuevo país más libre, más igual y más fraternal. Hablamos de más democracia, de unas instituciones que ante las amenazas de los poderosos se pongan del lado de su ciudadanía, lo contrario de lo que hizo el PSOE cuando estalló la crisis, lo contrario de lo que ha hecho el PP y lo contrario de lo que originó la expansión de Ciudadanos.
La diferencia entre el PSOE y la dupla PP-Ciudadanos no es el Qué han hecho (salvo el nivel de cleptomanía del PP que sí parece estar fuera del alcance de ningún aspirante) sino el supuesto ADN: mientras que PP y Ciudadanos nacieron para defender las conquistas del poder el PSOE nació y es entendido por sus cinco millones de votantes como un partido para defender a la ciudadanía común, a los trabajadores, los pensionistas, la gente normal que no es consejera de Gas Natural. Por eso cabe pensar, con toda la desconfianza que aconseja la experiencia, que el PSOE pudiera volver a su ADN: en su mano está evidenciar si lo ha mutado definitivamente para encontrarse mucho más confortable con Ciudadanos y PP (como suplica el comando Corcuera al que Pedro Sánchez no parece atreverse a plantar cara) que con las «fuerzas del cambio que sirve para cambiar cosas».
Durante las próximas semanas habrá una ofensiva terrible contra quien no se rinda a los encantos de ese cambio que se limita a cambiar a Rajoy por cualquiera. Cambiar a Rajoy por cualquiera que no aparezca en la contabilidad de Bárcenas es una buena cosa, pero sólo para eso nos habría bastado el viejo bipartidismo turnista. Hoy mismo ya se recuerda la famosa pinza: en la próxima redada contra el PP veremos explicar que la culpa es de Pablo Iglesias por no investir ya mismo a Pedro Sánchez sin más.
Toca firmeza y serenidad. Al 15M también lo insultaron, también hacía el juego a la derecha, tampoco tenía propuestas sensatas, también olía a porro, a Venezuela, a la ETA y a Lenin. Y frente a ese país de los horrores el país real supo crecer sobre su inteligencia y firmeza. Ya no vamos tan despacio, pero seguimos yendo lejos.