Tras conocer los resultados electorales di por hecho que no habría nuevas elecciones y que el PP vertebraría el próximo gobierno, de coalición o no, presidido por Rajoy o por cualquier otra persona.
Había dos razones para tal pronóstico. La primera es que el PSOE nunca ha fallado a quienes mandan incluso a costa de su propio suicidio, como probó mayo de 2010. Es obvio que desde los poderes ilegítimos (el poder económico y financiero, los poderes informales de Bruselas y la Corona) no pueden tener más objetivo que un gobierno estable del inmovilismo. Por su lado Ciudadanos nació para evitar el cambio, como probó el viernes de cierre de campaña cuando, a la luz de las encuestas que ponían segundo a Podemos, anunció que investiría a Rajoy. De la entrega de Ciudadanos a cualquier gobierno saliente cuanto más corrupto mejor tenemos pruebas en algunas comunidades autónomas y tras el 20D ya ni disimula pidiendo que se invista a alguien que no aparezca en la contabilidad de su partido cobrando dinero negro.
La segunda razón es que Ciudadanos y PSOE se arriesgan en una repetición de elecciones a sacar un pésimo resultado: Ciudadanos obviamente sacaría hoy un resultado muy por debajo del del 20 de diciembre, especialmente tras la temible ingobernabilidad; y el PSOE, incluso antes de su espectacular bronca interna, ya no podía presentarse como propietario en exclusiva de la alternativa al PP (el eje de su campaña electoral) dada la evidencia en las urnas que no hay ya quien pueda esconder a babor ni a estribor: Podemos está al lado y, a diferencia del PSOE, no duda a la hora de evitar un gobierno del PP (de los cuatro grandes grupos parlamentarios es el único sobre cuyo voto en una investidura del PP no hay discusión). En general a ningún partido le interesa la repetición de elecciones incluso con las mejores perspectivas electorales por las dificultades financieras (los créditos de la reciente campaña electoral no se podrán devolver hasta recibir las subvenciones dentro de bastantes meses, lo que dificulta pedir nuevos sobre todo a quienes piden créditos a los bancos) y logísticas (los partidos llevan sometidos al estrés de una campaña electoral continua desde principios de 2014).
Hoy, sin embargo, no apostaría un euro a ninguna opción. Tengo claro que el PSOE no impulsará un gobierno de cambio. Lo explicó muchas veces Pablo Iglesias en campaña (y en mi opinión se pasaba de benévolo): si el PSOE queda primero o segundo detrás del PP se pondría al servicio del poder para evitar un cambio sustantivo. Pero el colapso y descomposición del PSOE es tal y tan a la vista que no parece tener la fuerza siquiera para suicidarse permitiendo la investidura del PP o incluso ayudándole en su necesario lavado de cara exigiendo que el presidente no sea Mariano Rajoy. Porque el PP está tan o más descompuesto que el PSOE aunque la omertá haya impuesto una apariencia de tranquilidad; y 2016 será el año de los grandes juicios que pongan a la luz la estructura podrida que dirige al Partido Popular.
Lo que evidencia la intervención de Eduardo Madina en el consejo del PSOE es que su colapso es meramente una bronca interna y las excusas que se pongan sobre el país (la unidad de España o la que haga falta) son meros disfraces de una guerra civil aplazada desde hace mucho.
Durante las últimas semanas todo el mundo ha estado pensando en muchas dimensiones cuáles serían las consecuencias del 20D en los distintos frentes políticos. Sin embargo, es absurdo hacer previsiones sobre qué hacer después de un terremoto y el 20D ha sido un terremoto. El terremoto ha afectado a los cimientos del país y se manifiesta con especial violencia en los cimientos del PSOE y eso le impide ser un edificio funcional.
Quién sabe si en pleno colapso en las próximas semanas llegan a un acuerdo las distintas facciones del PSOE en disputa que permiten evitar unas elecciones anticipadas llegando a un acuerdo por activa o pasiva con PP y Ciudadanos. Eso supondría una tregua, nada más. Estamos en una crisis orgánica y eso supone la descomposición también de los cimientos del modelo que se derrumba; se puede aplazar y ello supondrá unos meses más de gobiernos desde la indecencia contra su pueblo. Pero los procesos de descomposición imposibilitan planes a medio y largo plazo. El PSOE tiene terremoto para largo y por tanto un gobierno de gran coalición del régimen estaría sometido al menos a ese terremoto si no, pronto, también al del PP.
La única apuesta segura es que quien sea capaz de decir qué va a pasar en los próximos meses miente. Se viene un terremoto. No acaba de morir lo viejo aunque ya veamos nacer con fuerza lo nuevo.
Toca seguir remando, con firmeza y sin dejarnos distraer, porque el 20D demostró, contra la ceguera de los cenizos, que el cambio era posible y que hay millones de españoles que ya están convencidos de su necesidad.