Hace tres semanas, tras un pleno en la Asamblea de Madrid una diputada, un diputado y yo (todos del grupo de Podemos) nos quedamos tomando una cerveza. O alguna más, vaya, no entremos en detalles. Debatíamos sobre la situación política, el momento de Podemos y el horizonte electoral. Entonces, hace tres semanas, insisto, el otro diputado planteaba como un horizonte inalcanzable que supondría un resultado excelente los 50 diputados para la suma de Podemos más la candidatura gallega, catalana y valenciana. No muchas semanas antes no habría faltado quien asumiera como reto alcanzar los 35 diputados que permiten, por ejemplo, una moción de censura. En ambos casos como cuarta fuerza política. Cuando escribo esto (el viernes 18) el reto parece ser segundos en un escenario en el que el PP sólo podría gobernar si el PSOE lo decide. Es imposible saber qué habrá pasado cuando termine el escrutinio (un rato después de que se publique este apunte) pero estoy seguro de que el resultado va a ser muy bueno en términos objetivos y también si se comparan con las expectativas de los últimos meses en los que, como tantas veces, mataron a Podemos. También estoy seguro de que aunque Podemos sacara 176 escaños no faltará quien diga que es un fracaso: se pasará con los días.
No sabemos qué va a pasar, pero siguiendo al maestro de intelectuales don Hermann Terscht voy a hacer una pequeña valoración de lo que llevo pensando unos días pero no era hora de publicar hasta ahora.
País: El 78 ha muerto pero probablemente falten unas semanas para saber qué muerte elige o le conseguimos. El bipartidismo (imperfecto) era un cimiento estructural del modelo político del 78. Es un poco zafio decir que lo que emerge es otro bipartidismo o un bipartidismo a cuatro. El bipartidismo es un modelo en el que hay más de un partido político pero que comparten las propuestas esenciales. Ponía el 6 de Diciembre Mónica Oltra un buen ejemplo, la diferencia entre elegir y decidir: «A mi hija le decía ´¿Qué quieres cenar, merluza o salmón?´y ella se sentía libre, que era ella quien decidía qué cenaba. Hasta que creció un poco y no dejó tomarse el pelo: ´quiero espaguetis´». Es evidente que lo que emerge no es una forma de bipartidismo más compleja sino que Podemos supone una ruptura con la política del pasado. Esa es la razón por la que hace dos meses se intentaba la unidad de las fuerzas rupturistas. Si alguien que está leyendo esto piensa (como se ha dicho) que Podemos es lo mismo que PP, PSOE y Ciudadanos, le aconsejo que no pierda el tiempo leyendo el resto de este apunte, no le va a gustar.
Es probable que haya un escenario de incertidumbre que apenas permita una opción de gobierno continuista que no pase por la unidad de PP y PSOE. Y eso ya no es continuista porque rompe la ficción y lleva a la muerte al PSOE (a una muerte más acelerada de la que lleva cosechando desde las europeas de 2014). También es fácil que el rey tenga que hacer política a la luz de los focos, que decidir quién es el candidato a investir no sea una decisión automática y eso permita ver que el Jefe del Estado es un actor político (que siempre lo ha sido pero casi nunca se ve con tanta claridad) y que un actor político no puede no tener legitimidad democrática. Con estos u otros extremos, la ruptura del marco político del 78 es innegable; la constitución formal y la material adquieren una distancia insalvable. Qué país se construye desde esa complejidad es la siguiente pelea y tocará organizarla desde las instituciones, desde la calle y desde el partido.
Es muy difícil que consigan impedir gran inestabilidad política sin abrir a fondo el melón constitucional. Tampoco será fácil que la UE se mantenga como hasta ahora. La respuesta democrática no la tiene ya sólo en países pequeños como Portugal y Grecia: en España está aquí y si esta vez no ha sido para gobernar… den tiempo, como los dos años que tuvo Syriza tras no gobernar en 2012. En Europa saben que un gobierno así en España no podría ser doblegado con la facilidad que tuvieron en Grecia por una razón: el PIB español y su estructura socio-económica es otra.
Partido: Mayo de 2014 abrió un ciclo histórico que hoy se cierra para abrir otro. Podemos nació de la lucidez y el coraje. Lo que ha hecho en los casi dos años desde su presentación en el Teatro del Barrio es impresionante. Al convocarse las elecciones de hoy Podemos lanzó una consigna absolutamente real: «ha llegado el momento para el que nacimos». Podemos ha diseñado su táctica y su organización para llegar a estas elecciones en las mejores condiciones posibles de producir un cambio popular y democrático en el país. Ha cometido errores, algunos dolorosos, pero es difícil que el resultado de las elecciones refuten que el recorrido merece una muy buena nota y sacarse el sombrero ante el «núcleo irradiador». Pero haber diseñado la organización para llegar a hoy obliga a rediseñarla a partir de hoy. Eso vale para cualquier resultado electoral: tanto con un resultado tímido como en la hipótesis de formar gobierno, posibilidad real a la luz de las encuestas andorranas finales, hace falta un gran partido de apoyo junto con mucha gente en la calle y organizada para que haya raíces sólidas que permitan que enfrente no haya más que el viejo régimen. Quienes vivimos en Madrid sabemos un poco al respecto.
Los grandes partidos u organizaciones (formales o no) rupturistas que no son Podemos, fundamentalmente Izquierda Unida, Equo y partidos y tejido catalanes, gallegos, Compromís… probablemente también llegan a un momento que no puede ser superado sin repensarse a fondo. No voy a entrar en profundidad a valorarlo públicamente (por razones personales y de lealtad, sea o no entendida, con mi propia trayectoria vital).
En estas circunstancias creo que tenemos un reto enorme. 2016 debe ser el año de la construcción de partido, del gran partido del rupturismo, del que nazca un nuevo partido, nuevo aunque se llame Podemos. Es lo de menos: eso es una cuestión utilitaria e instrumental. Si Podemos sale tan reforzado de las elecciones como preveo, creo que ese debe ser el nombre y ponernos a trabajar en cambiar el país, no en marear a la gente. En serio: me da igual, a día de hoy yo formo parte de un partido «Convocatoria por Madrid» que ni pelea por poner su nombre a nada ni tiene voluntad de existir en el medio plazo, queremos ser un instrumento para organizar y facilitar el cambio y creo que ese debería ser el objetivo de todos aunque suponga dar pasos desgarradores (nosotros los hemos dado, varios, qué duda cabe). Estaría bien que por una vez sepamos que eso no es lo importante, ni para aferrarse a un nombre ni para oponerse como si fuera una cuestión de principios.
2016 debe ser el año de la construcción de ese partido que será nuevo aunque se llame Podemos. No puede alargarse porque es difícil que vayamos a una legislatura larga. Más allá de los deseos abstractos hay realidades concretas. Esta campaña electoral deja heridas. Ha habido insultos y mentiras, mucha brocha gorda y se ha instalado gran desconfianza. Uno tiene la mandíbula bastante sólida pero nadie puede pretender que todo el mundo la tenga. Un objetivo debe ser construir la unidad del rupturismo en ese nuevo partido y para ello quienes podamos debemos intentar ser puentes. Eso sí: el horizonte es cambiar el país, hace muchos años que gente muy protagonista sabe que el cambio sólo vendrá superando estructuras que bloquean la ruptura democrática y popular y sumando actores rupturistas, lo cual no significa sumar estructuras. Insisto: lo sabe desde hace tiempo gente muy protagonista y hoy es más obvio que nunca. Toca tender puentes pero también ser conscientes de que las dificultades no pueden detener el avance para cambiar el país.
A las elecciones de hoy se ha llegado con gran unidad. Muy pocos actores rupturistas relevantes no han estado juntos, fundamentalmente IU salvo en Galicia y Cataluña. Somos bastantes quienes sabemos que fue perfectamente posible conseguir una candidatura unitaria y qué pasó. Me alegro de que prácticamente no haya habido difusión de aquello, es una forma de hacer bien las cosas y de mantener vías sin destruir. No se trata de señalar culpables pero sí de aprender. La posibilidad de que en el proceso organizativo que seguro que se abrirá en 2016 nos encontremos todas y todos pasa por sacar del tablero las causas que imposibilitaron a última hora ese acuerdo: no ignorarlas sino aprender de ellas para enterrarlas. También pasa por la movilización autónoma de quienes sí lo intentaron hasta el final y después para servir de puente.
Hay puentes. Pese a todo: hay puentes. Lo que no hay es tiempo. Estamos haciendo Historia y la Historia no espera, la Historia es nuestra y la hacen los pueblos.
Oye, pues para haberlo escrito el 18, tiene algunos puntazos: «estoy seguro de que aunque Podemos sacara 176 escaños no faltará quien diga que es un fracaso».
Lo curioso es que es gente de IU (de IU, que se ha dejado más de 700.000 votos por el camino) la que se está regocijando del «fracaso» ajeno.
Del resto del artículo, destaco esto: «que el rey tenga que hacer política a la luz de los focos, que decidir quién es el candidato a investir no sea una decisión automática y eso permita ver que el Jefe del Estado es un actor político (que siempre lo ha sido pero casi nunca se ve con tanta claridad) y que un actor político no puede no tener legitimidad democrática».
Pues claro, que parece que el rey es sólo una figura decorativa, si acaso diplomática, y así no va contra el propio corazón de la democracia que su designación sea por vía vaginal.
«Somos bastantes quienes sabemos que fue perfectamente posible conseguir una candidatura unitaria y qué pasó». Me quedo con la duda.