Probablemente la penúltima vez que Esperanza Aguirre dijo una verdad fue cuando explicó que ella era “de Mourinho a muerte”. Mourinho apostaba por un tipo de juego que prescindía del balón, la diversión y la vistosidad y optaba por la agresividad y la máxima tensión que se pudiera alcanzar. Y trataba de eclipsar la rudeza de su juego (y cualquier mal resultado) con ruedas de prensa y filtraciones a periodistas afines obscenamente victimistas pero sobre todo crispadísimas, en un mundo, el del fútbol, que tan fácilmente convierte un juego para divertirse en una cuestión por la que vale la pena repartir palos. Eso es lo que defendía Esperanza Aguirre diciendo que “además de entrenar, comunica”.
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