Hace cuatro años y unos días debuté en La Tuerka, el programa que habían montado Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero en TeleK. Yo iba con unas alpargatas verdes, lo cual era infinitamente más formal que las bermudas con las que se presentaba Miguel Urban: estábamos casi en un programa de amigos. Debatíamos sobre las elecciones municipales y autonómicas de unos días después. Todo era pesimismo electoral: España se iba a teñir de azul, de gobiernos del PP, y Madrid seguía. como siempre. esperando una mayoría absoluta de quienes nos habían arruinado robándonos todo sin que, como denunciaba en aquella Tuerka Pilar Velasco, hubiera una oposición capaz o con ganas de plantar cara al tinglado de corrupción organizado en Madrid. En medio de tanto pesimismo, disociábamos el fracaso electoral con una difusa esperanza política y social que se abría en las calles: dentro de unos días, decíamos en el minuto 12 del programa, habrá una manifestación pidiendo Democracia Real, que recoge el testigo de la de Juventud Sin Futuro y que es algo radicalmente nuevo. Algo así escribía el 12 de mayo en mi blog: “En los últimos meses se han producido una serie de movimientos, de los que quizás Democracia Real Ya sea la guinda y, por qué no, la chispa que hará que prenda de una vez la vieja y sucia moqueta (…) La revolución no será este domingo, pero quizás el final del letargo sí empiece entonces”. Algo de ojo tuvimos.
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