La web Cuadrilátero 33 organiza debates a cuatro mediante sendos artículos. Esta mañana ha publicado uno sobre las elecciones de mayo en el que he participado con este texto:

 

La puerta para el cambio

Hace cuatro años, andábamos sumergidos en esta profundísima crisis económica. La pregunta más común era “qué le pasa a este pueblo que, con lo que le están haciendo, no se levanta”. Una semana antes de las urnas, ocurrió una cosa que no cambió las elecciones, pero que cambió el país. Tras la manifestación del 15 de mayo de 2011, que pedía una “democracia real”, plazas de toda España se llenaron de la gente que quería cambiar el país. Habían lanzado un potente grito: “Estamos aquí, somos el pueblo, tenemos dignidad y aún no sabemos cómo, pero vamos a cambiar el país”.

Cuatro años después hay, efectivamente, una pulsión de cambio innegable. A estas elecciones se presentan cientos de candidaturas de unidad popular con capacidad de disputar ayuntamientos tan importantes como Madrid y Barcelona. En las comunidades autónomas, Podemos se presenta por primera vez como alternativa que realmente dispute al bipartidismo el poder institucional. En algunos sitios, como Madrid, la candidatura de Podemos se enriquece con gente que no militamos en Podemos, pero que tenemos claro que es, sobre todo, el momento de plantar cara, de intentarlo todo por recuperar para nuestro pueblo las instituciones y poner en marcha una democracia real, no secuestrada por redes clientelares, caciquismo y corrupción; por esos corruptos y corruptores que nos han saqueado y arruinado sirviéndose de lo público para llenar sus cuentas suizas, andorranas y gibraltareñas.

Las elecciones de mayo tienen dos contenidos de importancia histórica. Por un lado, el resultado sustantivo de ellas: los ayuntamientos y gobiernos autonómicos resultantes decidirán sobre cuestiones vitales para la ciudadanía: desde la educación y la sanidad a la configuración de ciudades habitables o el mantenimiento de la sumisión de todas ellas a los intereses económicos del poder que no se presenta a elecciones. Por otro lado, está el resultado simbólico: si unas elecciones como las europeas de 2014 cambiaron para siempre el mapa político de España, ¿qué no sucederá con unas municipales y autonómicas como éstas?

Que nos estamos jugando el cambio es algo que no escapa a nadie. El poder reaccionó desde las europeas para aparentar que, con una manita de pintura, se arreglaría la podredumbre estructural. Desde el reemplazo del amortizado Juan Carlos de Borbón al fulgurante encumbramiento de supuestas novedades electorales que visten de cambio el mismo programa económico con el que ganaron Aznar, Rato y Rajoy en 1996 y que puso la semilla de la crisis, la corrupción y el saqueo de derechos.

El 15 de mayo de 2011 abrimos en la calle la puerta al cambio porque nos estaban robando la vida. El 24 de mayo de 2015, desde las urnas, podemos dejar la puerta definitivamente abierta para construir democracia, para recuperar para la gente un país, sus comunidades, sus ciudades y sus pueblos que han estado demasiado tiempo secuestrados por los poderosos.