Desde hace demasiado tiempo la política madrileña sólo generaba sinsabores. La cuna del tamayazo, de la Púnica, uno de los núcleos de la Gürtel, la comunidad de las radiales, de Bankia… Esa comunidad autónoma sometida auna cultura política que, decíamos citando a Esperanza Aguirre, linda con lo mafioso. Siempre ha habido otro Madrid: un Madrid digno y vanguardista que resistía y respondía a la ignominia. Madrid fue capital mundial de la resistencia. También fue uno de los lugares donde las multitudes inteligentes se mostraron protagonistas. Aquel 13-M, en 2004, hacia la 1 de la mañana el silencio de miles de personas concentradas a esa hora frente a la estación de Atocha se rompió con el grito “¡Viva Madrid!”. Un orgullo que repetimos cuando Sol se pasó días y días ocupado por miles de personas que querían construir otro país y no se fueron hasta que se sintieron capaces de construirlo desde sus barrios y municipios. Un Madrid que ha resistido en la calle y ha parado el saqueo de su sanidad y de su agua, que ha llenado la calle de mareas que han parado múltiples iniciativas de un PP cuyo proyecto político era arrasarlo todo, que cada semana impide un par de desahucios.
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