Ando leyendo Reconstrucción, una estupenda novela de Antonio Orejudo de hace casi una década que aún no había leído. Es una novela que transcurre en el siglo XVI cuando el cristianismo andaba en guerras por reformas, contrarreformas y reformas de las reformas que ponían todo dogma en cuestión sustituyéndolos casi siempre por dogmas nuevos. En un diálogo con un sacerdote aparece una reflexión sobre el alma que viene aquí pintiparada, como el tema del libre albedrío en Amanece que no es poco:
«No niego ninguna dimensión espiritual«, dice el personaje de Orejudo «Ni siquiera niego el amor. El amor, como la sed, como el hambre o la melancolía, es una reacción fisiológica; cómo voy a negarlo. Hace tiempo que me di cuenta de que el alma es algo muy real; una parte de nuestro cuerpo«.
Los frickis somos así: leemos una novela sobre guerras de religión en el siglo XVI y pensamos en el PSOE. En el alma del PSOE.
El alma es la que genera esas reacciones fisiológicas, sí, eso que nos obliga a hacer lo que racionalmente no querríamos, lo que sabemos que es un error, que nos va a traer consecuencias fatales, que contradice nuestras ideas racionales… pero lo hacemos. Cuando el escorpión picó a la rana que lo transportaba por el río condenando a ambos a la muerte, le dijo a la rana que «está en mi naturaleza» pero quería decir había sido cosa de su alma. Cuando Freud diferenció la sique en ego, superego e id, ubicó en el id, el ello, las pulsiones y deseos difícilmente refrenables (y para frenarlos puso al ego y al superego, que son los que molan y supermolan): dijo id porque si hubiera dicho alma se notaría mucho que era lo de siempre.
Volvamos al PSOE, que es de lo que se trata. ¿Alma republicana? Si el PSOE tuviera un alma republicana no ocurriría esto. Andaría el PSOE todo el día esforzándose en parecer monárquico, sabiendo que es lo decente, lo normal, lo racional, lo que le da votos y satisface a sus maltratadas bases. Pero de vez en cuando se le iría la mano controlada por el alma y votaría mal, lo siento, me he equivocado y no volverá a ocurrir, no soy yo, es ello, el alma. Llegaría el día 11 y, aún sabiendo que supone su condena a la marginalidad electoral, a la quiebra interna, al desconcierto de sus bases, el PSOE reclamaría un referendum y se opondría a la sucesión dinástica por sangre. El alma, maldita sea, que nos juega malas pasadas en los momentos más importantes.
Ocurre que siempre sucede exactamente lo contrario: que el PSOE se esfuerza en parecer republicano, sabe que le toca dirigirse a la parte de sociedad que se ubica a este lado de la modernidad, sabe que es lo decente, lo normal, lo racional, lo que evitará una sangría de votos, lo que puede evitarle el tránsito hacia la UCD del siglo XXI. Pero siempre, siempre, siempre acaba triunfando el alma, que dirige el voto hacia la sumisión bajo el poderoso, a la inercia institucional, a tener que pedir perdón porque sí, somos republicanos de hondas raíces pero hicimos una vez un pacto, vendimos el alma republicana al Borbón como el pobre Fausto y santa Rita Rita lo que se da no se quita.
No, no hay alma republicana en ese cuerpo. El PSOE sabe que es suicida, que está triturando su mensaje de que no son lo mismo, que está evidenciando que siempre estará del lado del poder negando al pueblo la voz, poniendo el país a las órdenes de quien manda. Lo hizo y lo seguirá haciendo y no perderá oportunidad de volverlo a hacer. Porque el alma, lo que se dice el alma, es desde hace décadas sumisa a los poderosos, entregada, conservadora. El PSOE tiene un alma profundamente monárquica encerrada en un cuerpo republicano. El cuerpo engaña a quienes lo ven pasear. Pero sus actos muestran esa alma, indomable por el cuerpo, entregada siempre al poder.