Durante todo el mes de agosto a partir de las 18h se forman en la puerta del Museo Reina Sofía unas grandes colas. Esta semana el espectáculo merece una visita: una cola que hace un recorrido inverosímil de ida y vuelta hasta llenar la amplia plaza por la que se entra al edificio Sabatini del Museo. Ayer lo pude comtemplar a las 18.50h y vale la pena. La razón es que ésta es la última semana de la exposición sobre Dalí y a partir de las 19h la entrada al Reina Sofía es gratuita. En cambio se pueden encontrar entradas pagando con relativa facilidad: esperando unos cinco minutos mi pareja y yo conseguimos entradas para esta semana el día y a la hora que nos apetecía… porque no nos suponía un gasto excesivo la entrada (ocho euros por persona). Es de suponer que las personas que con el sol que ha hecho en Madrid este agosto aguantan esas colas sí tienen un problema económico como para que esos ocho euros sean un coste inasumible por no aguantar ese calor de pie.
Hace unas semanas, también en verano, fuimos a ver otra exposición. Esta vez en el Museo del Prado. Íbamos a ir en domingo por la mañana, pues hasta hace poco el domingo la entrada era gratis. Ya no: el domingo por la mañana nos soplaban 14 euros por persona para entrar en el Prado. Había que esperar a la tarde para poder entrar gratis, que es lo que hicimos. Como diría el Tata, 14 euros por una entrada a un museo público es una falta de respeto (y si la exposición es decepcionante, mucho más).
En los años 80 los museos públicos (al menos los estatales) eran gratis para los ciudadanos españoles. No había que esperar a tal o cual hora. Al entrar en la Comunidad Europea nos dijeron que no podíamos discriminar entre ciudadanos españoles y extranjeros. Y como siempre sucede con Europa optamos por joder a todo el mundo: todo el mundo a pagar. No es la solución a la que se ha llegado en todas partes. En la liberal Gran Bretaña uno puede ir de museo en museo sin pagar más que lo que considere que puede o debe meter en las huchas que suele haber en la entrada de cada uno. Por supuesto no le piden a uno documento alguno que acredite ser súbdito de Su Majestad: entienden que los museos deben ser sustentados por lo público más lo que cada uno pueda y quiera aportar.
Hay dos derivadas interesantes de este asunto.
La primera muestra cómo convenientemente publicitada una exposición de un museo puede convertirse en un evento popular de masas. Este verano ha habido reportajes en múltiples informativos sobre la exposición de Dalí en el Reina Sofía y la gran asistencia a la misma. Si los grandes medios dicen que si no vas a un sitio no eres nadie la cosa funciona. Funciona con un concierto de música insulsa pero también ha funcionado con la exposición de Antonio López en el Thyssen o con ésta de Dalí; o con el Circo del Sol. Lo cual evidencia que la imbecilización del ocio popular es premeditada.
La segunda es meramente económica. En los reportajes de los informativos explicaban que los bares de la zona del Reina Sofía (que no son pocos) habían tenido que duplicar la plantilla gracias a la asistencia a la exposición. Evidentemente esta exposición está siendo un reclamo muy superior a otras, pero el hecho es que una de las principales razones para visitar Madrid es su repertorio de museos. Algo que sucede también en Londres un poco más intensamente dado que el repertorio de grandes museos es más variado que en Madrid.
No tengo ningún dato que lo demuestre, pero estoy bastante convencido de que hay muchos más turistas que van a Londres a hacer turismo cultural que los que hayan ido atraídos por haber sido sede olímpica: ¿hay alguien que haya conocido Londres gracias a los Juegos de 2012 y que por ellos haya ido después allí? Seguramente lo habrá, pero no creo que sean más que los que van por ir al Museo Británico, a la National Gallery, a la Tate o al Museo de la Ciencia. Para quienes no vamos sobrados de dinero el hecho de que sean gratis es un reclamo acentuado y además un incentivo para volver. Y ello nos hace que cuando vamos a Londres nos dejemos un dinerito en hotel, en bares e incluso en la tienda de alguno de los museos.
Si nos sobrara dinero las inversiones podrían ser múltiples. Pero parece evidente que no nos sobra: tan evidente es que, mientras se desplaza a todo el mundo a Buenos Aires a ver si podemos gastarnos un pastizal en construir un Estadio Olímpico, una villa olímpica y unas instalaciones olímpicas en una ciudad tremendamente hostil para el deporte de base, ponemos las entradas de nuestro principal museo a 14 euros. Peor aún es lo de las catedrales que restauramos con dinero público pero que cobran entrada a visitantes… e ingresa el obispado.
Más allá de que ayudaría a popularizar una forma de ocio que hoy parece reservada a una falsa élite, ¿no sería un reclamo turístico mucho mejor y más duradero -y probablemente más barato- hacer gratuita la entrada a museos y catedrales (que son el principal atractivo de Madrid y de no pocas otras ciudades españolas) como inversión para generar más ingresos por el turismo? ¿No sería una inversión mucho más sana e incluso rentable que volver a insistir en el ladrillo y el macroevento que tantos sobres rellena y tantas arcas públicas vacía?