Anuncia Mariano Rajoy que en los próximos meses no continuará su hasta ahora inagotable rendición de cuentas sobre las suyas (sus cuentas) y las de su partido, ambas aparentemente ilegalmente gruesas. No va a poder dar explicaciones a cada nuevo escándalo no por falta de ganas sino porque se va de gira. El World Wide Mariano’s Tour 2013 incluirá visitas a Leningrado (ellos lo llaman San Petersburgo porque son así de antiguos), Buenos Aires y Pekín (ellos lo llaman Beijing porque son así de snobs). De todas esas visitas a Rajoy la única que le interesa es la de Buenos Aires, pues va a la elección de la ciudad olímpica de 2020 y para entonces él ya será consejero de Endesa, Telefónica, consejero de Estado… y lo que necesite Mariano. Tiempo libre y buenos ingresos, lo ideal para disfrutar de unos buenos juegos olímpicos.
Es evidente que la agenda internacional es una huida. Rajoy no ha necesitado excusas para negarse a dar la cara. No la daba porque no le daba la gana, porque mentir en el Congreso sería hacerle el juego a Bárcenas; porque no y listos. Pero es previsible que los casos de corrupción que empapan al PP y afectan personalmente al propio Rajoy suban unos cuantos escalones estos meses: probablemente se cierre la instrucción del caso Gurtel, tengamos cada vez más datos del caso PP-Constructores-Bárcenas, el caso Urdangarín alcance de lleno a Barberá y Camps… O también es posible que el gobierno consiga anular buena parte de las investigaciones judiciales que le acecha, lo cual sería un escándalo aún mayor de una radicalidad política difícilmente digerible.
El presidente del gobierno huye porque es un gobierno muy débil. Pese a que la movilización social no está en su punto álgido (tras muchos meses de crecimiento, ha llegado un punto en que la calle tiene que pensar y decidir qué ser de mayor) el nivel de mierda y de hartazgo social, sumado al ridículo cotidiano del pesebre del PP hace que el gobierno tenga una supuesta fuerza institucional apoyada en una inmensa debilidad social y por lo tanto una gran debilidad política. El gobierno sabe que nuestro pueblo está harto, hay mil indicadores de tal hartazgo. Por eso huye Rajoy. Pero también por eso va a tener mucha dificultad para aplicar los nuevos encargos de sus jefes.
En las últimas semanas el FMI, la Unión Europea y la CEOE, valgan las redundancias, han señalado a Moncloa los nuevos deberes: hachazos a los trabajadores en sus condiciones laborales. El FMI y la UE fueron muy concretos: empobrecernos por decreto en un 10%. El presidente de la CEOE, Juan Rosell, por su parte dice que habría que quitarle «privilegios, por llamarlos de alguna manera» a los trabajadores indefinidos. Por supuesto no lo propone para enriquecerse más él y los de la clase a la que representa sino para favorecer a los trabajadores precarios: ya sabemos que cuando se putea a un trabajador indefinido se coge cariño a los temporales.
Pese al ruido de la estupidez de Rosell lo más interesante de su frase fue su reconocimiento de que no va a poder ser: «Sería un experimento importante, pero no creo que lo aceptaran. Creo que esto es Alicia en el país de las maravillas«.
Hasta ahora no les ha importado en absoluto qué aceptaran los trabajadores y qué no: nos han recortado la sanidad, la educación, las pensiones, las condiciones laborales, los subsidios de desempleo, las becas, la investigación, la ayuda al desarrollo,… todo ello sin que importara en absoluto que alguien aceptara o no. Hasta hace poco esto sí era Alicia en el país de las maravillas patronales.
¿Qué ha cambiado para que Rosell sepa que ahora todo ese paraíso no es inmediatamente ejecutable? Que desde hace pocos meses no hay ningún títere con suficiente fuerza como para ejecutarlo. Pese a su mayoría absoluta, el gobierno sabe que cualquier recorte grave y perceptible puede encender la chispa del hartazgo. Desgraciadamente hoy esa chispa no estaría organizada y es imposible saber hacia dónde ardería, pero ese es un problema nuestro, no de ellos.
Esa debilidad del gobierno es en buena parte un alivio: no sabemos qué recortes nos hemos ahorrado estos últimos meses de debilidad gubernamental, pero los recortes del gobierno matan, así que lo que nos hayamos evitado, bien evitado está. Sin embargo, esa debilidad también encierra la semilla de la tecnocracia: si a la UE, FMI y CEOE no les sirve nuestro gobierno para canalizar sus órdenes, han mostrado en otros países su receta alternativa: cuando un gobierno no les es útil (como el de Berlusconi, dada su debilidad por sus orgías de pago) lo sustituyen por otro con fuerza suficiente como para serles dócil.
En esas estamos ahora: al gobierno de Rajoy o lo tumbamos nosotros o lo tumban ellos. Y quién se lleve el gato de Cheshire al agua es decisivo.
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