La última ridiculez de Carlos Floriano ni siquiera es original: dice que el Partido Popular va a denunciar a Óscar López, secretario de Organización del PSOE, por haber hecho unas declaraciones en las que partía de la inimaginable hipótesis según la cual el PP ha tenido una contabilidad B. En realidad si por algo es denunciable lo que dijo Óscar López es por timorato, ya que en vez de hablar de saqueo, sobornos, etc sólo dijo que en el PP son unos hipócritas por pedir la reducción de las subvenciones a partidos mientras se financiaban con sobornos de constructores y pedir la reducción de sueldos de cargos políticos mientras los suyos recibían sobres ilegales.

Todo el mundo sabe que es mentira que el PP vaya a presentar esa querella. Si el cuento de «Pedro y el lobo» tiene alguna adaptación moderna es la de «El PP y sus querellas». No sabemos cuántas habrá anunciado ya (empezando por aquellas que iba a poner a Bárcenas, a Izquierda Unida…).

Es una táctica comunicativa grotesca que sorprendentemente (o no) sigue siendo recogida como noticia: alguien dice una obviedad sobre otra persona (o entidad) y ésta se hace pasar por un caballero ofendidísimo dispuesto a retar a duelo a quien mancilla su honor. El reto a duelo es la presentación de la querella. Pero la querella es tan inexistente como el honor supuestamente mancillado por la obviedad denunciada.

No es cosa sólo del PP, aunque en su entorno se den los casos más recientes. Por lo visto hace unos días Enrique Santiago, dirigente de IU y abogado del caso Bárcenas, dijo en Asturias algo con tantos visos de ser verdad como que Álvarez-Cascos es uno de los beneficiarios de los sobres que se repartían en el PP. No es algo que se inventara el abogado sino que en las partidas de gastos que se apuntaba en la contabilidad real del PP aparecían salidas de dinero con el nombre de Cascos. Parece que a Cascos no le gustó la cosa y también anunció una querella contra Enrique Santiago. Por calumnias e injurias, dice. Estoy dispuesto a apostarme un vino con quien crea que esa querella llegará.

El ejemplo cunde. Hace unos días el director de La Razón Francisco Marhuenda informó al twittero Facu Díaz de que esa semana «tendría noticias de mis abogados». Hasta ahora. Un tipo que al parecer preside una organización en defensa del Valle de los Caídos basa su actividad tuitera en anunciar querellas contra todo aquel que dice que hay que volar el mausoleo franquista (como decimos muchos del Algarrobico o del campo de golf construido ilegalmente en Chamberí sin que felizmente ninguna asociación en defensa del Algarrobico se querelle contra quien muestre tan odiosos deseos). Un banquero imputado anunció otra querella hace pocos meses y si te vi no me acuerdo. Nada, todo bravuconadas que intentan aparentar la existencia de un honor tan invisible como aquel traje nuevo del emperador.

En los últimos años han surgido múltiples proyectos digitales dedicados a la observación del cumplimiento de las promesas. La más conocida fue aquella de «lo prometido es deuda» que vigilaría las promesas electorales y que debió de implosionar tras las elecciones generales que ganó el PP prometiendo no recortar en sanidad, educación ni pensiones. Va siendo urgente un observatorio de querellas, que vaya revisando los anuncios de querellas y su presentación. Más que nada para que quien siga haciendo el ridículo simulando tener un honor que mantener sepa que quedará en evidencia públicamente.