Arenas y Cascos no sabían nada: dicen que había «descontrol» en las donaciones que recibía el PP. Probablemente esa sea la nueva línea argumental dada la evidencia de que el PP recibía más dinero de empresas (constructoras) del permitido por la ley. Todo era cosa de los tesoreros, de Bárcenas y de Lapuerta, uno en la cárcel tirando de la manta y otro muy mayor y gravemente enfermo tras sufrir las caídas pronosticadas por quienes le amenazaron de muerte según denuncia que presentó antes de las caídas. Bárcenas es el malo, dado que está denunciando la parte que le interesa y Lapuerta es el bueno, dado que ni ha denunciado ni tiene pinta de poder hacerlo. Pero ambos son quienes hacían y deshacían sin contar con nadie así que en el hipotético y remoto caso de que hubiese financiación ilegal serían ellos los responsables y nadie más.

No es descartable que el tipo de golfo que suele estar al cargo de las cuentas del PP (recordemos la nómina que empieza por Naseiro y sigue con Lapuerta y Bárcenas) se quedaran dinero para sí.

La tesis que trata de defender el PP es que Bárcenas montó un chiringuito para forrarse él aprovechándose de su cargo en el PP.

Es una tesis que sería creíble si sólo dependiera de los escrúpulos demostrados durante «los más de 28 años de servicios de Luis Bárcenas a nuestro partido que han sido ejemplo de profesionalidad y buen hacer.» Ocurre que para ir amasando esa fortuna no basta voluntad de engordar las cuentas corrientes sino que alguien aporte el parné. Y es ahí donde la supuesta ignorancia de todo el Partido Popular de las donaciones recibidas no cuadra.

Nos enseñan los liberales que el motor de la economía capitalista es la búsqueda del interés privado. Eso es lo que harían (y nada hace sospechar que no lo hagan) los constructores de nuestro país.

Supongamos que los constructores se hicieran una idea muy equivocada de la honestidad con la que el PP gobierna en Moncloa y en distintas comunidades autónomas. Que Bárcenas les convencía de que dieran un pastizal porque así se llevarían la construcción de tal salida de la M-30 o de la estación del AVE de donde fuera. Y los constructores, en búsqueda del interés privado, se saltan la ley y hacen una donación en efectivo que ellos creen que es un soborno pero que en realidad es sólo un timo de Bárcenas.

Hasta ahí todo es creíble. El problema viene cuando vuelven a donar. Porque estamos hablando de un sistema de financiación que duró más de 20 años.

Un constructor paga un pastizal al tesorero del partido que adjudica un tramo de una autovía con la promesa de que le tocará construir ese tramo. Pero el tesorero no lo comunicaba al partido y por tanto ni el consejero de Obras Públicas competente ni el ministro de Fomento ni nadie es consciente de que se esperabde él un trato de favor. No habiendo tal trato de favor el constructor pronto se da cuenta de que las promesas del tesorero no se cumplen. Nuestros constructores tienen una ética y encima de haber quedado como tontos habrían sido convencidos de violar su sagrado respeto por los concursos públicos limpios, así que es creíble que tras haber sido timados no acudan a los mandamases del Partido a pedir explicaciones por haber hecho la aportación solicitada sin recibir la concesión prometida. El pudor ante un intento (fracasado) de corromper a una autoridad pública les habría hecho callar. Bien, pero ¿por qué volvieron a dar donaciones durante más de 20 años si nunca obtenían ventaja por ello? ¿Nuestros constructores son gilipollas o qué?

Bárcenas era sólo tesorero del PP. No era ministro de Fomento (Cascos sí, por cierto, pero como no sabía nada, no pudo beneficiar a los «donantes» del partido) ni tenía poder alguno en las adjudicaciones de obra pública.

O es mentira que en el partido no lo sabían y lo sabían tan bien que cada donación obtenía la recompensa necesaria o los constructores españoles despilfarran su propio dinero sin hacer después el menor seguimiento de si los millones y millones habían tenido rentabilidad alguna. Es decir, la tesis del PP se basa en que los negocios más boyantes españoles no se someten a los principios liberales sino que muy al contrario son de una inmensa generosidad con el dinero privado.

Que no, vaya, que el partido lo sabía y actuaba en consecuencia (como prueba la querella de IU, Ecologistas en acción, ALA, etc señalando las múltiples coincidencias entre donación de una constructora y adjudicación de obra pública a la misma). Que Cascos y Arenas (y probablemente hoy Cospedal) han sido económicos con la verdad precisamente en una situación en la que mentir es delito.