La excusa oficial para cualquier despilfarro de una institución pública (o empresas privadas) en la Casa Real es que cualquier chorrada que le paguemos, sea cual sea el importe, que nunca lo conocemos, es rentable porque da publicidad. Esa fue, por ejemplo, la excusa que se dio al disparate gastado en la boda de Felipe y Letizia en Madrid, cuyo coste público nunca conocimos pero que quedó tan deslucido (diluvió, salieron cuatro gatos a saludar a la triste pareja mientras recorría medio Madrid) que en el caso de creernos la propaganda oficial tendríamos que pensar que difícilmente hubo el «retorno» económico vociferado.

Esa es también la excusa que ha dado Baleares para pagar un pastizal de dimensiones desconocidas a la Casa Real para el mantenimiento del palacio donde veranean y los costes que genera la familia incluso en su ausencia. Fue la excusa dada por los empresarios que regalaron al rey el yate que acaba de endosar a Patrimonio Nacional para sacar de las cuentas reales el gasto por mantenimiento. Es siempre la excusa: la familia real es un reclamo turístico y todo gasto es rentable aunque nunca se enseñen los gastos ni los ingresos con los que se afirma tal rentabilidad.

Desconozco cuánta gente vendrá a España atraída por la familia real. Me cuesta imaginar que haya un especimen tal que viniera a Madrid atraído por el espectáculo de aquella boda en la que Rouco demostró que sus sandeces sobre el divorcio y el aborto son para los no poderosos. Tiendo a sospechar que las únicas familias reales que suponen algún (y seguramente poquísimo) reclamo turístico son las británicas y la holandesa (porque habrá quien vaya a correrse una fiesta en la «fiesta naranja»). Desde luego si hay quien viene por aquí atraído por nuestra familia real es alguien digno de estudio.

Lo que tengo claro es el mensaje que ha lanzado sobre Baleares la real familia este verano. Salvo la melancólica Sofía, que a estas alturas está sola (o al menos sin compañía publicable) ya se ha ido todo el mundo. El rey, titular del tinglado, que dijo que iba a Marivent para descansar y disfrutar de los nietos huyó de Mallorca a los tres días. El príncipe, aspirante a la sucesión, fue quien más aguantó en Marivent: logró soportarlo una semana, bastante más que su mujer que se piró en cuanto pudo y mandó que se llevaran de allí en seguida a sus dos hijas. El único que parece haber disfrutado de la isla es Froilán, que demostró su amor a la familia intentando clavar un pincho moruno y dar un cabezazo a su primo Pablo Urdangarín. Y es que los borbones son como niños (de 15 añitos recién cumplidos, como el amor del Dúo Dinámico).

El anuncio turístico es desolador: más que un lugar donde descansar, encontrarse, disfrutar… la familia real lanza un mensaje al mundo terrorífico sobre Baleares: un lugar donde por mucho que puedas hacer lo que te dé la real gana, sin límite de presupuesto ni de nada, lo mejor que puedes hacer es huir cuanto antes.

Nadie puede decir con una mínima honestidad que nada de lo que rodea a la familia real sirva como reclamo sino en todo caso como repelente. La colección de desgracias y tensiones internas (¿tan poco se aguantan que no han podido simular que cumplen su única función, ser una familia?) que genera esta familia cada semana hace evidente que todo dinero que se gaste en atraerlos es suicida salvo que los ingresos que generen sean otros. Pero además el caso Urdangarín y la aparentemente segura imputación de Camps y Barberá nos pone delante de los ojos consecuencias penales para quien se lance a estas «inversiones»: la diferencia entre el derroche injustificable del Valencia Summit y del mantenimiento público de Marivent para tres días de vacaciones del rey y una semana del príncipe es que desconocemos absolutamente cuánto hemos pagado para tenerle bonito, limpio y cuidado Marivent a estos señores que tanto desprecian a quien sólo han dejado de sacrificar los gastos en monarquía.

Por cierto, ¿os acordáis cuando la Zarzuela anunció transparencia en las agendas reales? ¿Alguien sabe dónde están el rey, el príncipe, la princesa, las infantas? ¿Alguien sabe, qué menos, en qué continente andan? Al menos sabemos quién paga las vacaciones que están disfrutando y las que han preferido no disfrutar en Palma. Barra libre para los señores, que sobra.