-Las últimas décadas en España han sido las de la progresiva precarización del mercado laboral bajo el dogma de que nuestros contratos son insoportablemente rígidos y que facilitar el despido no provoca más despidos sino más contratos: para ello se han introducido desde la época de Felipe González nuevos tipos de contrato precario hasta hacer del contrato indefinido una figura exótica. Henos aquí tras unas cuantas reformas laborales regresivas con seis millones de parados. El dogma era falso, pero como los neoliberales no son científicos sino religiosos (con intereses) no se van a dejar falsar una teoría porque la realidad deje sus mantras en evidencia.
-La “dualidad del mercado laboral español” (que haya trabajadores indefinidos y trabajadores precarios) es una división como cualquier otra; la verdadera dualidad de nuestra sociedad está entre el alto empresariado (el gran capital, que decíamos en tiempos) que vive en otro mundo, que causa y no padece la crisis y el común de los mortales. Desde hace un tiempo quieren introducir una nueva línea de fractura entre los trabajadores: hasta hace poco tu situación era una mierda porque los funcionarios, los mineros, los controladores aéreos o el colectivo que protestara eran unos privilegiados. Ahora quieren explicarnos que nuestros problemas no los traen Botín y sus títeres sino los trabajadores con contrato indefinido, esos privilegiados.
-La “dualidad del mercado laboral español” no cae del cielo. Es el fruto de las decisiones ideológicas. Como había que “flexibilizar” se introducían nuevos tipos de contrato hasta conseguir que nadie tenga un contrato fijo salvo quienes mantengan contratos del pleistoceno o los directivos de banca. Nuestro mercado laboral no era dual sino básicamente poblado por indefinidos. Si lo que les preocupa es la “dualidad” volvamos a la situación anterior en la que los contratos eran indefinidos con indemnizaciones importantes para los despidos improcedentes y la temporalidad algo acotado a casos realmente justificados.
-El mantra del “contrato único” es como el de la “reforma laboral”. Claro que estaría muy bien una reforma laboral que introdujera un contrato único indefinido con una indemnización de 45 días por año trabajado y que además fuera creciendo. Pero todos sabemos que cuando nos hablan de contrato único indefinido nos están diciendo que igualemos los contratos por abajo, que los contratos “indefinidos” empiecen con la indemnización de los temporales (y es la indemnización lo que realmente distingue un contrato indefinido de uno temporal). Sabemos que cuando dicen “contrato único” dicen “contrato precario al que llamaremos indefinido” como sabemos que cuando dicen “reforma laboral” nos quieren recortar derechos. Como cuando dicen “reformas estructurales” no se refieren a hispanizar la socialdemocracia sueca de antaño. ¿Contrato único como el de Alfredo Sáenz, despedido con una pensión de 88 millones de euros? ¡Todos de acuerdo, se acabó la maldita “dualidad del mercado laboral español”!
-Escuché ayer a Gabriel Elorriaga (PP) en la SER explicar que todo esto hay que pensarlo porque lo de la dualidad es un drama. Decía que en España hay mucho paro juvenil porque los mayores tienen contratos del carajo de la vela “con salarios fuera de mercado” (por elevados, claro) y que ello impedía contratar a jóvenes “más preparados”. ¿Y eso se resuelve precarizando el mercado laboral mientras prolongamos la edad de jubilación? ¿No sería más razonable ir adelantando la edad de jubilación para facilitar el reemplazo de los mayores por jóvenes sin mandar a los mayores a la mierda sino permitiéndoles el júbilo? No, porque no se trata de que nadie consiga trabajo sino de ir recortando salarios. De favorecer los intereses de quienes dictan la política europea.
-El comisario europeo de Empleo que aconsejó amablemente el contrato único pertenece al Partido Socialista Húngaro (como Almunia al español, por cierto). El problema de la socialdemocracia no es si Rubalcaba o Madina.