Como cada dos de mayo El País publica una encuesta electoral sobre la Comunidad de Madrid. Ninguna era tan esperada como la de este año porque presentaba muchísimas incertidumbres. Se daba por hecho el enorme desgaste del PP, pero el resto era una incógnita. Y casi todo son datos muy positivos, especialmente el gran resultado que sacaría IU y la evidencia de que si somos suficientemente audaces todo es posible, incluido un cambio real hacia la democracia y la justicia social que no pase por ser una mera bisagra del bipartidismo. Vayamos por puntos:

-Es muy difícil que el PP vuelva a tener en 2015 mayoría absoluta en Madrid. El desplome es muy rápido y Madrid ejerce de punta de lanza de las peores prácticas características del gobierno de Rajoy: saqueo de lo público, corrupción estructural, mentira tras mentira, control para su destrucción de los medios públicos de comunicación, continuas ilegalidades (ERE de Telemadrid, campo de golf de Chamberí, trazado de autopistas,…) añadido a un caciquismo muy consolidado sobre el que ha cabalgado una férrea estructura de poder. Lógicamente el desplome del PP es más agudo allí donde el PP es más PP: en Madrid y Valencia.

-Cabe pensar que pueda pasar como en 2003, cuando la guerra de Irak parecía traer la debacle definitiva del PP que no fue tal (aunque en Madrid le hizo perder la mayoría absoluta que reconquistó gracias a la trama corrupta del tamayazo): que un levísimo repunte de la economía siquiera coyuntural haga que el PP retome posiciones electorales. En España, pero fundamentalmente en Madrid, hay dos razones para pensar que no va a ser así. La primera es que no estamos ante una crisis sólo económica sino profundamente política, una crisis institucional, una crisis de régimen. Si la caracterizáramos sólo como crisis económica (y transmitimos eso a la ciudadanía) es cierto que si el PP consiguiera hacer pensar que se ve una luz al final del túnel económico estaría todo listo para, al menos, frenar su desplome. Pero la crisis es mucho más radical que una mera crisis de ciclo económico muy aguda y eso ha calado en la sociedad española, pero mucho más en la madrileña como muestra la gran participación en movilizaciones (tan estigmatizadas por el PP y sus mariachis: golpes de estado, nazismo, la ETA… todo apoyado muy mayoritariamente por la sociedad) y la solidez de las estructuras que han adquirido en muy poco tiempo los movimientos sociales (y la inteligencia colectiva que han puesto en marcha).

-Ese es otro dato que hace pensar que el cambio en Madrid es más estructural que en 2003. En 2003 hubo una grandísima movilización contra la guerra, pero fue poco duradera y sobre todo no se organizó. Hoy hay miles de personas que se organizan en diversas formas (asambleas populares, plataformas, mareas, etc…) que hacen de la disidencia algo más y mejor organizado que nunca en nuestra historia (y con tendencia a mejorar). Esos son los mimbres de un gran cambio imparable.

-El desplome del bipartidismo (una expresión nítida de esa crisis política e institucional) se consagra en la encuesta de Madrid. El PSM no tiene suelo pese a que Tomás Gómez no está mal considerado y ha abanderado un discurso de izquierdas. Pero alguien de izquierdas en el PSOE se tendrá que dar cuenta de que lo que pasa a la socialdemocracia no depende de Madrid o Murcia ni de Tomás Gómez o Eduardo Madina, sino que su crisis es radical porque es definitivamente percibido como un partido de poder, de éste poder, que siempre que la troika le dice ven, lo deja todo: la cosa es tan estructural que de Grecia a Italia pasando por Portugal y España los partidos socialdemócratas siempre han estado ahí cuando el poder financiero internacional les ha pedido saquear sus países.

-UPyD obtiene un buen resultado, pero muchísimo menor del que nos temíamos algunos. En las quinielas aparecía rondando un 20% y disputando la segunda posición; y así nos lo decían también los siempre respetuosos miembros de UPyD que nos explicaban que estábamos indignados con ellos no porque se abstuvieran en la partida presupuestaria que permitía privatizar la sanidad sino porque nos habían desplazado a la cuarta fuerza política madrileña y ellos pronto gobernarían Madrid. No es así: no engulle siquiera toda la caída del PP. Esto tiene al menos tres consecuencias. 1º El boom madrileño de UPyD ya no va tan disparado (aunque vaya a buena velocidad, pero menor de la esperada); hay posibilidad para una izquierda coherente que abandere la austeridad (la austeridad siempre fue un valor de izquierdas, lo que no es de izquierdas es el saqueo, aunque lo llamen austeridad) e impida que nos roben el discurso de que quienes se dediquen a la política tienen que ser pueblo y vivir como el pueblo que les es tan extraño como oír a Rosa Díez hablar en tercera persona de los “políticos profesionales”. 2º Si las encuestas dan una gran subida a UPyD en toda España y su ascenso no se concentra (como pensábamos) en Madrid, quiere decir que está teniendo un crecimiento más o menos homogéneo (al menos más homogéneo del que sospechábamos) en todo el país. 3º No es cierto que con esta encuesta no gobernara el PP ni, desde luego, que hubiera un cambio radical de políticas: en lo económico UPyD se alinea explícitamente (así lo reconoció Carlos Martínez Gorriarán) con las tesis del think tank neoliberal FEDEA. Lo que es evidente es que esta encuesta es una foto de lo que hay hoy y que muestra que no es evidente que todo lo que pierda la derecha del PP lo rescate la derecha de UPyD, así que hay partida porque el globo no se hincha tan rápido como pensábamos.

-IU crece muchísimo hasta el punto de estar al borde de adelantar al PSOE y convertirse en la alternativa de gobierno al PP. Es una grandísima noticia que evidencia que toca pensar a lo grande y situar la posibilidad de una izquierda que traiga profundos cambios económicos, políticos, sociales, institucionales, culturales… no un mero agente de izquierdización del PSOE. Para ello hace falta muchísima audacia. Ya nadie puede negar que estamos en un ciclo político en el que cabe un cambio de gran calado, en el que no nos tenemos que resignar a crecer como tercera fuerza. Si el reconocimiento de los movimientos sociales no es sólo de boquilla es el momento de apostar a la grande y forjar una gran alianza por el cambio en Madrid (y en el conjunto de España) con movimientos, mareas, activistas sociales y sindicales y otros partidos (un dato no menor de la encuesta es el crecimiento de los partidos extraparlamentarios) y establecer con todos ellos un polo de complicidad por la democracia y por el socialismo (lo llamemos con el nombre que lo llamemos), el cambio estaría a la vuelta de la esquina. Para ello, obviamente, habría que dar pasos hacia una máxima coherencia, transparencia y pulcritud. Algo en lo que no todo el mundo cabe pero sí una infinita mayoría (antes de la última asamblea regional lo situaba en un 99% de la militancia de IUCM, cálculo que sigo manteniendo calculadora en mano). Esa misma altura sería necesaria en esos agentes sociales, sindicales y políticos que deben tomar conciencia de que no nos jugamos sólo plantar cara sino que cabe construir un Madrid nuevo para un país nuevo. Es lógico que sean exigentes, nadie les pide que se entreguen ni se propone fagocitación alguna (sino suma de fuerzas desde la lealtad y la corresponsabilidad) y tienen motivos para recelar, pero estamos ante la posibilidad de muchos cambios y muy profundos y toca dar la cara por conseguirlos; también dentro de las organizaciones.

-El resultado de IU-CM desmiente algunos tópicos como que la división es un gran lastre electoral (lo es organizativo y lo organizativo al final repercute en lo electoral). IU en Madrid es una de las únicas federaciones en las que hay una gran división (la exclusión de la mitad de la federación es insólita, no ocurre en ningún lado). Históricamente la división o unidad interna no han tenido una gran correlación con el resultado electoral: otra cosa es que en una organización en la que la mitad está excluida y no se puede identificar con su dirección se hace política mucho peor y eso sí tenga consecuencias también electorales; pero en Madrid eso se está superando con una lealtad del 49% hacia la organización muy superior a la que tiene el 51%. Pero muy superior. Además, Madrid es la comunidad autónoma en que menos local es la política: sólo Esperanza Aguirre consiguió que su voto fuera madrileño, esperanzista, pero en general, al menos hasta la irrupción de mareas contra la privatización autonómica de la sanidad y la educación , la política en Madrid mira muy poco a Madrid y mucho a España. Para bien y para mal. Ya digo que las mareas pueden estar cambiando esta realidad histórica, habría que estudiarlo. En cualquier caso, es evidente que si dejamos de hacer algunas cosas tan rematadamente mal el impulso de cambio será imparable. Y para ello siempre se contará, siempre se ha contado, con la lealtad del 49% de IU-CM por mucho que los más irresponsables de la mitad dirigente quieran tensar y tensar cuerdas intentando que se autocumplan sus profecías.

-Si yo fuera Adelson, si yo quisiera comprar el Canal de Isabel II, si yo quisiera comprar los hospitales que intenta privatizar el PP madrileño… me lo pensaría dos veces. Es un negocio muy inseguro. A la vuelta de la esquina puede ganar una izquierda mala e irresponsable que recupere la dignidad para el pueblo madrileño y te quite el chiringuito. Yo que tú no lo haría, forastero.

La principal conclusión de la encuesta es que todo es posible y que toda resignación a cambios menores o incluso cosméticos es una traición a la izquierda y al pueblo de Madrid. Toca audacia, pensar a lo grande y estar a la altura de la Historia. Ojalá por fin nos demos cuenta aunque sólo sea a golpe de evidencia demoscópica.