Andaba Feijoo ridiculizando (y llamando “ridículo” varias veces) a  otro portavoz diciendo que sólo le faltaba hacer como Beiras (como haberse emocionado hace unos días al recordar a las madres gallegas presentes en el Parlamento mientras discutían sobre los viajes a la nieve de Feijoo con el narco Dorado) cuando pasó esto:

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Y, claro, no gustó. A Beiras ya le han llamado de todo (menos inteligente, culto y, sobre todo, honesto, que son los tres rasgos que más le caracterizan) y ayer no iba a ser menos. ¡Qué falta de modales!

En un Parlamento se puede decir lo que se quiera, con razón o sin ella. (…) Pero hay un límite que fue justamente el traspasado ayer por Xosé Manuel Beiras: el de levantarse de su asiento, dirigirse a quien está en uso de la palabra, sea o no presidente, y dar un puñetazo en su escaño. Eso, se mire como se mire, y aunque el puño no haya llegado al agredido, es una actitud violenta.

Esto lo escribe Fernando Ónega (una voz moderada, que simplemente llama a la corrección a Beiras, no pide encerrarlo como otros) en un artículo titulado “El escrache de Beiras” en La Voz de Galicia. Ni siquiera lo compara con los nazis ni con ETA, sólo le acusa (un poco más abajo) de que su “agresividad crea agresividad (…). Y no están los tiempos para instigar ninguna actitud de agresión.”

Suele decirse que cuando alguien no tiene argumentos critica la ortografía de quien sí los tiene. Algo así está sucediendo últimamente: el nivel obsceno de indecencia y ponzoña que está acompañando el saqueo casi ni se niega, pero lo primero es responder a los mismos con buenas formas, con corbata y de usted, que aquí se puede decir cualquier cosa siempre y cuando no incomode cómo se dice. Vale, le están a usted robando, pero sobre todo no pierda las formas.

Alguien denuncia un robo, un saqueo generalizado, una actuación oscura… y primero aclaramos que es incorrecto llamar “criminal” a un portavoz de la banca que hace un discurso tendente a profundizar en la violación masiva de derechos humanos. Alguien se da paseos por la nieve con un narco de los que se forraron a costa de machacar a una generación de gallegos y denunciamos la sobreactuación (¿cómo va a estar sinceramente emoicionado un político? ¿acaso no sabemos que todos ellos son replicantes y que sus emociones son impostadas a veces hasta el ridículo?) y la falta de modales de quien lo critica.

Podéis estar en paro, sin casa, contemplando cómo arrasan la educación y la sanidad pública, cómo los jóvenes no encuentran trabajo pero a los mayores no les dejan jubilarse… pero no os manifestéis que cortáis el tráfico. Y menos os concentréis frente a quienes toman esas decisiones (ni en las instituciones ni en la sede de su partido ni en su casa), que eso es nazi y de la ETA. Podéis enfadaros, quién lo niega, pero en democracia el enfado tiene sus cauces: rellenad un formulario, poneos una corbata, no perdáis las formas. Es por vuestro bien: muchos de quienes os apoyamos (¿qué tertuliano del pesebre no afirma haber firmado la ILP de la PAH?) podríamos dejar de hacerlo si no guardáis las formas, que es lo más importante en democracia.

Beiras actuó sin cortesía parlamentaria. Quién lo va a negar.

La cortesía, según el Diccionario de la Academia es la “demostración o acto con que se manifiesta la atención, respeto o afecto que tiene alguien a otra persona”.

¿De verdad pretenden que mientras nos arrancan los derechos conquistados con el esfuerzo y sacrificio de tantas generaciones (y que eran tremendamente insuficientes) los tratemos con exquisitez, con “atención, respeto o afecto”? ¿El día en que conoceremos que sus políticas nos han llevado a 6 millones de parados (y subiendo) porque a cambio de esas políticas el partido recibía donaciones de constructoras que acababan en sobres? ¿Tenemos que dirigirnos con “atención, respeto o afecto” a quienes se embolsaban sobresueldos en dinero negro o en falsos “gastos de representación” a cambio de poner el país en manos de sus donantes y que anuncian una vuelta de tuerca este viernes en el consejo de ministros?

Se retiró Beiras del parlamento gallego con un sonoro “esto no hay dios que lo aguante”. Y lo resumió todo: este saqueo, este régimen podrido, no hay dios que lo aguante.

La cortesía, para los cortesanos: no nos pueden decir que mientras nos lo roban todo rellenemos sin hacer ruido una hoja de reclamaciones (demostrando que “se puede decir lo que se quiera, con razón o sin ella”), la depositemos nosotros mismos en la papelera y volvamos educadamente a nuestra casa a poner la tele y esperar a que el tertuliano de turno alabe lo poco molestos que hemos sido.

Beiras ayer molestó. Y molestó porque está molesto. Que es lo menos que podemos esperar.