Los famosos «papeles de Bárcenas» son solo unas fotocopias de unos documentos que un abogado, Jorge Trías, amigo del extesorero, entregó al asesor legal de un periódico. Ni grandes asuntos de Estado ni «documentos» que comprometen al Gobierno de España ni el caso más grave de corrupción de nuestro país.

De esta forma hace hoy el ridículo ABC*. El mismo día que El País publica que los investigadores judiciales están probando que los ingresos (ilegales) anotados en la libreta de Bárcenas coinciden con las cantidades y fechas anotadas en la contabilidad oficial del PP, siguen intentando convencernos de que no es lo que parece.

Al margen del ridículo de ABC, lo que hoy queda claro es que el único problema de los papeles de Bárcenas no es su verosimilitud, sino que no están completos, que falta la información que Bárcenas se está guardando como forma de chantaje para garantizarse (con éxito hasta ahora) la libertad pese a todo lo que ya sabemos. Son ciertas las donaciones, harto negadas, que superan con mucho lo permitido legalmente cuantitativamente y también cualitativamente pues los “generosos” donantes recibían obra pública de las administraciones gobernadas por el partido receptor de las donaciones.

Así las cosas se hace muy cuesta arriba que Ruz no ponga en marcha la investigación (¿tantas prisas hasta quitárselo a Bermúdez y tan poca actividad ahora?) en el punto en que lo dejó Bermúdez. ¿Qué excusa cabe para no interrogar a los constructores que donaban dinero al PP y que recibían concesiones públicas del PP? ¿Qué razón puede haber para no tomar medidas cautelares contra Bárcenas y evitar que pueda llegar a acuerdos con otros investigados que consistan en la destrucción de pruebas?

La veracidad de los ingresos de los papeles de Bárcenas hace muy cuesta arriba pensar que mientras apuntaba con todo rigor unos ingresos se inventara los gastos (especialmente si, como es el caso, los gastos eran tan ilegales como los ingresos). Y los gastos son los sobres: el dinerito en negro que según esos papeles (tan verosímiles) recibieron de Mariano Rajoy, Rodrigo Rato y Mayor Oreja para abajo. Es decir, los principales dirigentes del Partido Popular que además eran en muchos casos ministros; los ministros cuyas decisiones estarían, digamos, orientadas, por un interés ilegítimo: el mantenimiento del flujo de donativos al partido que garantizaba la existencia de sobres.

Cada vez tienen más difícil negar lo evidente: que en el PP se instaló una organización criminal (que es lo que se denunciaba en la querella de IU) para el saqueo del país. Que el boom de la construcción (y la crisis a la que nos llevó) no fue un error de cálculo sino un saqueo programado que arrasó nuestra economía, nuestra ecología y nuestra democracia para que un puñadito de señores con corbata (corruptores de la élite empresarial y corruptos de la élite política) se lo llevaran crudo.

Y lo que aún no conocemos.

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*Lo peor del servilismo tan ridículo de estos medios es que con los papeles de Bárcenas supimos que Libertad Digital recibió sobres del PP. Y claro, ante cosas así, tan bochornosas, uno sólo puede esperar que al menos tengan un origen racional: aunque sea corrupto, pero racional.