Supongo que será coincidencia que esta semana se estrenara la obra de teatro “Un trozo invisible de este mundo” y que hoy sepamos que un juez decidió que “no hubo negligencia en la muerte de la interna del CIE Samba Martine“. La muerte de Samba Martine fue lo que inspiró a Juan Diego Botto la necesidad de hacer una obra como ésta, una obra sobre los expatriados, los exiliados políticos o económicos, tanto da, los desaparecidos ante nuestros mismos ojos: la obra son cinco historias, una de ellas a partir de la enfermedad de Samba Martine.
Samba Martine era invisible cuando se estaba muriendo. Lo era para sus carceleros, nuestros empleados, los vigilantes de esos campos de concentración modernos llamados CIEs en los que metemos a quienes carecen de nuestra pureza étnica y donde ni miramos ni nos dejan mirar. Al parecer Samba pidió atención médica hasta diez veces con unos síntomas que de haber sido examinados habrían revelado que tenía VIH y habría salvado su vida. Pero ni siquiera tuvo un intérprete hasta el final, no la llevaron al hospital hasta el final y allí murió unas horas más tarde. Era invisible. El juez entiende que era invisible. Por eso no hay negligencia. No ver al invisible no puede ser reprochable.
Samba es invisible también en la obra de Juan Diego Botto. No la vemos a ella sino a través de una compatriota suya encerrada en el mismo CIE. Y para esa compañera de castigos Samba en principio también es invisible: si se acerca a ella no es para ayudarla sino para pedir que se calle, que no la deja dormir con sus gritos y quejidos. Los invisibles no son héroes ni beatos. Somos nosotros, que también somos invisibles, héroes o miserables a ratos, somos los de abajo. Los invisibles son los de abajo suficientemente empujados hacia aún más abajo, hacia la podredumbre. Los invisibles fueron nuestros abuelos en cunetas, serán nuestros hijos yéndose a Alemania. Y ahora es Samba, muerta de invisibilidad en un CIE sin que a nuestros jueces les parezca que hay nada reprochable.
Por si no lo habéis pillado, os estoy recomendando que leáis la noticia de hoy del auto judicial exculpatorio e inmediatamente compréis las entradas para ver en el Matadero “Un trozo invisible de este mundo”.