A un lado y otro del Atlántico y salvando las enormes distancias se escucha la misma cantinela: “es un gesto insuficiente“. Lo pronuncian en España el ministerio del Interior e inmediatamente lo repiten todas las personas del PSOE y el PP a las que les ponen un micro (esa llamada unidad de los demócratas) sobre el acto de la izquierda abertzale en el que entre otras cosas lamentan el sufrimiento de las víctimas de ETA y su propia contribución a tal dolor. En Colombia lo pronuncia Juan Manuel Santos: las FARC anuncian la liberación de los secuestrados que están en su poder y la renuncia al secuestro para el futuro. Tal cual: es un gesto insuficiente.

Las diferencias son grandes: casi tanto la que separa a España de Colombia como a ETA de las FARC. También porque el gesto de las FARC no es sólo un gesto sino un paso muy relevante con consecuencias prácticas; ETA no puede hacer gestos con consecuencias prácticas pues ya los hizo todos cuando por fin declaró el cese de su violencia, algo que también fue considerado un gesto insuficiente porque lo que entonces hacía falta era la entrega de armas y el perdón a las víctimas; ahora ya no es eso, sino la disolución. Pero también hay algunas similitudes. En ambos casos los pasos se han dado gracias a la intervención de quienes no sólo quieren la paz sino además profundos cambios políticos frente al inmovilismo de Estado. Si en Euskadi fueron los sectores más lúcidos de la izquierda abertzale quienes hicieron que ETA no tuviera otra posibilidad, en Colombia hace sólo una semana Piedad Córdoba ( la ex congresista pacifista y de izquierdas a la que Uribe expulsó por vía judicial de las instituciones al señalarla como enemiga) y su colectivo Colombianos y Colombianas por la Paz pidieron a las FARC que no se limitasen a liberar a seis secuestrados, tal y como ya habían anunciado, sino a todos ellos y que pusiesen fin al secuestro como instrumento.

Que sean los sectores de ideas supuestamente cercanas a los armados quienes más hagan por el desarme es perfectamente coherente con que sean los del polo antagónico quienes consideren insuficiente todo gesto, quienes siempre consideran que todo está igual, que es imprescindible mantener medidas extraordinarias indignas de una democracia (las ilegalizaciones y ciertos encarcelamientos en España, incomparables con los asesinatos generalizados a sindicalistas, periodistas y disidentes en Colombia).

ETA ha sido en España un instrumento perfecto para el conservadurismo más ultra. Mientras iba asesinando era utilizada como argumento para todo tipo de inmovilismo por los golpistas de inicios de la transición, por los Barrinuevo, los Mayor Oreja… Poner el foco en una ETA cercana a derrotar a España (Mayor Oreja sigue hablando en esos grotescos términos) era un perfecto instrumento para restringir libertades y atornillar los pilares más reaccionarios del edificio de la tranisción. No conozco tan bien Colombia pero llama la atención que mientras sus gobiernos ponían el centro del discurso en la lucha contra la guerrilla, Colombia se convertía en el único país del sur de las Américas en los que lejos de haber un gobierno progresista se ha movido entre un sangriento reaccionario Álvaro Uribe y su lugarteniente aparentemente más sensato Juan Manuel Santos. ¿Es casualidad que sea el único país de la zona que no ha escapado de Washington y sus planes para América Latina?

En lo que llegamos al paraíso todo gesto es insuficiente. Pero estaría bien que todos hagamos gestos insuficiente. Que cuando un gobierno observe un gesto insuficiente responda con otro gesto igual de insuficiente. La democracia no llegará a Colombia por el mero hecho de que se deje de asesinar a opositores, pero sería un gesto; insuficiente, tal vez, pero un gesto. Se buscan gestos insuficientes, aunque sepamos que quien los dé se arriesga a que cambien las cosas a mejor.