Cada vez que muere alguien (algo en este caso) por quien sintiera afecto recuerdo uno de las pocas cosas que Javier Ortiz escribía reiteradamente y con la que estaba en franco desacuerdo. Javier Ortiz criticaba esos obituarios que en vez de hablar del muerto hablaban del autor del texto y su relación con el difunto (sospecho que quedaba a salvo el obituario de Javier Ortiz que escribió el propio Javier hace poco más de cinco años y en la que la relación del autor con el difunto tenía una intensa presencia). Al contrario de lo que criticaba Javier, pienso que las necrológicas deben ser precisamente eso: una colección de reflexiones sobre lo que el finado significaba para otros. Mi vida no significa nada si no deja alguna cicatriz en otras personas y ahora que todo pichichi puede escribir lo que sea en algún riconcito (un blog, un parrafito en facebook) no hay mejor forma de saber quién fue alguien que descubrir qué cicatrices dejó en otra gente. Somos nuestro rastro en otra gente, nada más y no es poco.

Empezamos a entender qué era Público el día que se anunció el concurso de acreedores. Los miles de mensajes de lectores, el afecto a sus trabajadores, las fotos que nos hacíamos cientos de personas con la portada y la subíamos a twitter, la cantidad de gente que mencionó su voluntad de poner algo de dinero para ayudar a sacar adelante el proyecto, el llenazo en aquel acto de apoyo a Público en el Ateneo daban la idea de una comunidad en torno a Público de la que no había demasiada consciencia.

Para mí Público era mi periódico y bastante más. Un periódico que compraba todas las mañanas aunque casi siempre al llegar al kiosko ya había leído en la web buena parte de su contenido. He ido conociendo personal o digitalmente a buena parte de sus periodistas y con algunos he llegado a tener una relación muy afectuosa. Alguna vez publiqué alguna Carta con Respuesta de la mano de Rafa Reig e incluso esta semana he aparecido como parte de una ilusionante noticia. Público es parte de mí y, como se vio desde el anuncio de concurso de acreedores, Público es parte de mucha más gente. Por eso nos enfadábamos a veces con él: porque uno se enfada con quien le importa. De las cicatrices que deja Público esa es probablemente la más importante y la más fértil: una comunidad en cuyo centro hay un enorme hueco.

Desde el viernes hay un montón de gente, que ya se movía en esa dirección, pensando en formas de sacar a flote un nuevo barco cuyo combustible sea esa comunidad generada: esos periodistas, esos lectores… Para asimilar una pérdida se necesita un periodo de luto. Supongo que por eso Isaac Rosa lo pedía en su emocionante Se acabó: “Otro día, si quieren, discutimos sobre qué hay que hacer (y qué no hay que hacer) para tener un medio crítico, y qué lecciones hay que aprender de Público. Hoy, como comprenderán, no tengo humor para ello.

Susana Hidalgo me dice en twitter que han matado al periódico, “pero a sus periodistas, no“. “¡Ni a sus lectores”, le respondo”, que espero esta vez apoyemos (no sólo dando ánimos en twitter) lo que se haga, que algo hay que hacer!“. Otro día, como pide Isaac, discutimos sobre qué hay que hacer. Pero hay que hacerlo: esa comunidad, el rastro que deja Público, eso que ha sido Público… es precisamente la garantía de que haremos algo.