Inefable, nefasto, nefando… son varias palabras del castellano que tienen un significado parecido y el mismo origen etimológico: la negación antes de fa, que viene del verbo latino for, faris… que significa decir, hablar. Son adjetivos que indican que una de las peores cosas que se puede decir de algo es que no se puede decir nada: inefable es aquello de lo que no se puede hablar, como nefasto y nefando. ‘No tengo palabras‘ respondemos cuando nos dan una noticia horrorosa, ‘me quedo sin habla‘, ‘he visto algo inenarrable´.

No sabemos si la última propuesta de Alemania para Grecia filtrada a la prensa es un plan firme o un globo sonda hasta ver si también somos capaces de tragarnos esa agresión. Lo que sabemos es que no hay palabras, que no se puede decir, que es inefable, nefasto, nefando. No tenemos palabras para nombrar la idea.

¿Protectorado, colonia, negación de la democracia y la soberanía? Esas palabras ya las gastamos algunos cuando desde Europa se daba un préstamo a Grecia (como a Irlanda, Portugal e Italia después) a alto tipo de interés y con una política económica dictada por los prestamistas que conduciría al fin de derechos sociales y a la ruina del país, como se ha visto. Quienes no usaran toda esa paleta de adjetivos tuvieron la oportunidad de hacerlo cuando se sustituyó el gobierno elegido en las urnas cuya acción tutelaba Bruselas-Berlín por un gobierno tecnócrata (como aquellos gobiernos del Opus Dei de la segunda parte de la dictadura de Franco) presidido por un Goldman Sachs man y con ministros de la extrema derecha griega por primera vez desde la dictadura de los coroneles.

Ahora, ¿cómo llamamos a la propuesta de poner un virrey germano-europeo a censurar las cuentas del gobierno tecnócrata? Ingenuamente habíamos pensado que la desvergüenza, el odio a la democracia y el desprecio a los pueblos tenían un límite. Nos hemos quedado sin palabras y nos da miedo usar otras nuevas que eleven el listón porque ya nada nos dice que se vayan a detener en la imposición de este dictator. No se nos ocurre que podrán imaginar quienes deciden las propuestas de Merkel y Van Rompuy pero ya estamos escaldados: no van a parar si no los paramos.

Como si fuéramos montañeros que se beben toda el agua al terminar el primer repecho sin ser conscientes de que después viene de verdad el monte a escalar, nos hemos gastado los sustantivos que llevábamos en la mochila para entender las primeras agresiones a la ciudadanía europea. Y ahora nos quedamos boquiabiertos, sin saber qué decir, sonados a base de mamporros.

Sólo una cosa sabemos: el fracaso de sus medidas no les va a detener. Porque no han fracasado. Conscientes de la necesidad de palabras para el combate han usado las que no eran para no gastar las buenas: han dicho recuperación, rescate, ayudas, empleo, crecimiento… para no gastar rapiña, secuestro, robo, ocupación, golpismo. Palabras que deben ser conservadas porque serán necesarias en la escalada.