Ayer la Unión Europea decidió bloquear las importaciones de petróleo iraní. Se presenta como una respuesta a ese plan nuclear que habría puesto en marcha Ahmadineyad para parecerse a dos de los países bloqueantes (Reino Unido y Francia tienen la bomba atómica y no sólo no son castigados sino que gracias a ello están en el Consejo de Seguridad de la ONU con carácter permanente y derecho de veto) y a sus ¿dos? principales enemigos: Israel y Estados Unidos.

Más allá de la evidencia de que estos mismos son los pasos que se dieron antes de otras guerras e invasiones, llama la atención cómo algunos países europeos que han sometido todos los derechos de su ciudadanía a una supuesta supervivencia económica antepongan aquí un simulacro de pacifismo a uno de sus mayores suministros de energía. España, Italia y Grecia, singularmente, renuncian así a una de sus principales fuentes de petróleo mientras, por ejemplo Alemania, apenas importa petróleo iraní y no se verá afectada por el bloqueo.

Lo normal sería que nuestros gobiernos repitiesen ante la propuesta de bloqueo a Irán que no podemos vivir por encima de nuestras posibilidades. Pero no ha sido así: es tal la pasión por la paz internacional y seguramente por los derechos del pueblo iraní (especialmente por sus mujeres y homosexuales) que el ministro de Asuntos Exteriores español ha decidido que podemos (oé, oé, oé) y ha trazado un plan para sustituir el petróleo que importamos de esa cruel dictadura que amenaza la paz internacional por acuerdos con otros países caracterizados por su pacifismo exterior y la libertad interior rayana con el libertinaje.

Arabia Saudi y otros países del golfo Pérsico van a garantizar el suministro que perdamos y van a mantener el precio“, aseguró ayer García-Margallo. Cuesta pensar que si García-Margallo ha llegado a acuerdos con países cuyos gobiernos son más presentables que el de Arabia Saudi no haya dicho cuáles. Se le ocurre a uno que uno de eso sotros países del golfo Pérsico bien podría ser Bahrein, ese pequeño país que tuvo una revuelta popular que fue aplastada… por los tanques saudís. Irán no es un paraíso democrático ni de libertades ni probablemente de justicia social, sin duda, pero en ninguno de esos capítulos Arabia Saudi, nuestro suministrador suplente, puede darle una sola lección. Y mucho menos puede presentarse a Irán como una amenaza para la paz mundial mientras nos apoyamos en Arabia Saudi que, antes de meter sus tanques en Bahrein para reprimir manifestantes, ya había sido la plataforma desde la que invadir Irak, por ejemplo. Cuesta mucho encontrar una sola razón (defendible) para bloquear a Irán y no hacer lo mismo o mucho más con Arabia Saudi. Y sin embargo dejamos de importar petróleo iraní a cambio de incrementar mucho el que compramos a la monarquía saudí.

Podría parecer como decía arriba que además de la razón estamos quebrando ese sagrado principio de sacrificarlo todo a la economía bloqueando países por encima de nuestras posibilidades ahora que habíamos quedado en que éramos austeros y que todo valía para gastar menos. Pero no es así: lo que estamos haciendo es seguir fielmente el mismo guion que durante estos últimos años: el principio de hacer lo que nos digan sin rechistar, que para eso somos una colonia.

Que empiecen los reportajes sobre la maldad de Ahmadineyad mientras los príncipes saudís veranean en Marbella como si fueran dueños de Megaupload.

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