De las pocas razones por las que estoy prestando algo de atención a los vericuetos del congreso y los congresillos del PSOE es por ver qué podemos aprender en otras organizaciones de algún acierto (que seguro que lo hay, al menos alguna propuesta de carácter interno puede ser imitable) y qué errores se cometen y pueden ser evitados: a la vuelta del verano vendrá el proceso asambleario de IU y haríamos bien en observar para aprender de todo lo que se mueva (incluso de lo que no se mueve) y sacarle el máximo partido.
Quizás lo que más llame la atención es la nulo debate sobre política o al menos su escasísima trascendencia. Alguna propuesta trasciende, sí, pero sólo organizativo: primarias abiertas a la francesa, homogeneización territorial del discurso, elección directa mediante voto de toda la militancia del secretario general, incluso la constitución de una agrupación 2.0… No seré yo quien niegue el carácter nítidamente político de las propuestas organizativas, pero se hace raro que la crisis de la socialdemocracia (o de los partidos que se reclamaban socialdemócratas) no conlleve ningún debate en los textos políticos sobre qué le pasa a la socialdemocracia, qué políticas de las aprobadas por todos ellos (ante las que Chacón y Rubalcaba nunca esbozaron ni una mueca) en la última legislatura les parecen incompatibles con la práctica de un partido socialdemócrata, si la socialdemocracia debe volver a sus raíces o reinventarse y en tal caso si por la derecha o por la izquierda o si asumen que en crisis económica no hay más remedio que asumir el golpe de los mercados y ser un partido colaboracionista. Tras este paso por el gobierno, ¿se arrepienten de algo más que de no haber elegido a Rubalcaba por primarias a la francesa sino a la búlgara? Doy por hecho que los militantes del PSOE manejan claves internas que se nos escapan a los externos, pero no parece que más allá de la retórica usada por Chacón y Rubalcaba haya propuestas ni reflexiones que tengan que ver con eso.
La crítica no es sólo para el PSOE y probablemente tenga bastante que ver con el modelo de congresos con el que se funciona en los partidos. No hablo del PP cuyos congresos no son más que escenografías pirotécnicas perfectamente prescindibles y sin trascendencia política desde aquel en el que Aznar recibió el relevo de Fraga sin tutelas ni tutías. Salvo en momentos de absoluta paz interna se llega a los congresos con más interés en la configuración de órganos que en el debate político. Y ello hace que éste se desdibuje notablemente o en el menor de los casos tenga una repercusión limitada.
No imitaría en absoluto el modelo que proponen algunos en el PSOE de elección directa del Secretario General precisamente por las virtudes que hoy le atribuye Manuel Rico: sirven para legitimar un cesarismo que ya está instalado en los partidos turnistas pero que no lo está ni de lejos en IU y del que debemos huir. Una elección directa de una persona supone una sobrelegitimación para que haga lo que le dé la gana sin responder a nadie. Sin embargo tiene una virtud: si en el 38º Congreso del PSOE no se estuviera decidiendo quién lo liderará sino que esto se decidiera unos días después en urnas, quizás hoy tendrían que estar centrándose en el debate político. Es lo que ha sucedido durante esta legislatura en Izquierda Unida tanto en la asamblea de Fuenlabrada como en la Convocatoria Social en las que se hizo un rico debate político que luego empapó el programa electoral de IU, su discurso y la práctica de buena parte de la organización. Fueron dos asambleas muy participadas y en las que hubo mucha gente de fuera de IU y en las que no se elegían órganos ni personas sino que sólo se debatían políticas y discursos. Además se incorporó un método que pasaba mucho más por el debate y el consenso que por la enmienda 253 a la línea 34 del folio 2, lo que generó documentos más coherentes, ricos y útiles tras debates más reales.
¿Cómo conjugar procesos democráticos en la elección de dirigentes con la puesta del foco en lo político y evitando un cesarismo absolutamente indeseable? Quizás sería bueno desplazar la última parte de cada asamblea federal (el equivalente en IU a un congreso): tras el debate político se acaba votando entre las listas presentadas (la última vez fueron cinco), que configuran el nuevo máximo órgano de dirección. ¿No se podría dedicar la asamblea federal a la discusión y elaboración de los documentos políticos y organizativos y unas semanas después elegir en sufragio entre toda la militancia los órganos -que no a un querido líder- igual que hacen los delegados pero entre toda la militancia? Así los delegados sólo terminarían de cerrar debates políticos que habrían ido subiendo desde las asambleas de base y que son imposibles de tener en una sola plaza pero aquello que sí se puede hacer directamente entre todos (la votación) pasaría a realizarse unas semanas después eligiendo a quienes mejor puedan desarrollar la política aprobada. Quizás sería bueno que junto con la elección de órganos se sometiera a referendum entre la militancia la aprobación de los documentos resultantes del proceso asambleario recibiendo así una legitimidad final en las bases que iniciaron los debates.
Sé que el PSOE ni es un modelo ni un espejo en el que guiarse y que es un tipo de partido muy distinto al que aspiramos en la izquierda: de poco serviría que un partido integrado en estructuras de poder perfectamente instaladas hiciera un debate político sobre la democracia si al recuperar gobiernos se entrega a lo que le manden los mercados, la OTAN y la Angela Merkel de turno. Pero igual sí podemos estudiar qué no nos gusta (e incluso qué aciertos hay) para ser útiles en ese necesario cambio de hegemonía en la sociedad. Discutamos.
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