Para ahorrarse una rueda de prensa que coincida con la cabalgata, va filtrando Rajoy lo que saldrá hoy del Consejo de Ministros: una drástica reducción del sector público por un lado y la introducción de mecanismos para que el gobierno controle el déficit de las comunidades autónomas (que dejarán así de ser autónomas) y los ayuntamientos. Tiene su gracia que Gallardón esté en un gobierno que va a controlar que los demás no se pasen despilfarrando. O que tal gobierno esté presidido por quien puso de ejemplos para la humanidad a Matas y Camps, modelos de austeridad y de escrúpulos con el dinero público. Supongo que de lo primero que harán es prohibirle a Ana Botella esa enésima candidatura olímpica: por mucho que aseguren que las obras están terminadas (cosa que es mentira empezando por el mismísimo aspirante a Estadio olímpico) siempre hará falta perfilar el lema olímpico y eso cuesta un pastón.

Que hace falta introducir la austeridad como valor económico es algo de lo que no me cabe duda desde hace mucho tiempo. La austeridad pasa por cortar de raíz el despilfarro que no trae ningún beneficio social. La austeridad no es carecer por completo de escuelas públicas infantiles sino evitar gastarse unos 500 millones de euros (las cifras no están claras pero el disparate sí) en un Ayuntamiento nuevo del que Gallardón (ministro del gobierno que controlará que otros no se pasen con el déficit) ni siquiera se despidió para disimular. Una escuela infantil pública entre otras cosas ahorra muchísimo dinero a las familias, permite que los dos cónyuges trabajen si quieren o lo necesitan, crea puestos de trabajo sostenidos en el tiempo y, al margen de criterios de justicia, acaba siendo rentabilísima para la sociedad. El Ayuntamiento nuevo en Cibeles… supongo que es la definición de vivir por encima de nuestras posibilidades pero sobre todo es vivir al margen de la sensatez de la que tanto habla Mariano Rajoy.

Podríamos hacer un listado enorme de los despilfarros que el Partido Popular ha imulsado desde sus gobiernos o aplaudido con las orejas mientras nos aplicaba bajo la palabra austeridad recortes sociales inaceptables. Tras haber planificado la destrucción de las islas mediante autopistas, construcciones ilegales y todo tipo de robos, el gobierno popular de Baleares les dice ahora (contra la ley) a las mujeres que si quieren abortar que se lo paguen de su bolsillo y esperen, que el aborto siempre ha sido un derecho de ricas y los vuelos a Londres salen muy baratos desde Mallorca.

Cada despilfarro real de estos años se ha vendido como una rentabilísima inversión:  la boda del príncipe y Letizia, cuyo coste se negaron a dar el gobierno del PSOE y el Ayuntamiento de Gallardón iba a traer una marea turística a España que ni la JMJ, cuyo coste se negaron a dar… el gobierno del PSOE y el Ayuntamiento de Gallardón . Nos han explicado que todo eso es muy rentable, pero es cuestión de fe porque ni sabemos cuánto hemos pagado ni nadie ha presentado un estudio serio de cuánto ingresaremos, aunque nos podemos hacer una idea. Camps, aquel ejemplo para Rajoy que estaría siempre a su lado, delante o detrás para llamar pan al pan, se lanzó a formulas 1 (Alejandro Agag mediante), visitas papales (esta vez usando al señor Bigotes), copas de América y urdangarinazos varios. Todo sin números, aunque los juzgados vayan sacando algunos.

Llaman austeridad a machacarnos. A dejarnos sin servicios sociales, a que tengamos que pagar un extra por las recetas farmacéuticas que el médico nos dé,…Pero aún nadie ha pedido perdón a las víctimas de tantos años de tirar nuestro dinero para que se lo repartan los constructores y los ladrones amiguetes. Con una escuela infantil pública o con un parque no hay quien se pague una gurtel ni quien financie el partido. Por eso es vivir por encima de nuestras posibilidades, porque en realidad es vivir al margen de sus necesidades.

¿Quieren una idea austera? Aprueben hoy en el Consejo de Ministros un plazo para cumplir lo que la Iglesia Católica firmó en 1979: que con el tiempo tendería a la autofinanciación. El primer consejo recortador no sólo pasó por alto los 10.000 millones que recibe la Iglesia sino que incluso en vez de recortar, como nos hace a nosotros, le comprometió 16 millones en transferencias directas al mes (que es como pagar un informe de Urdangarín copiado de internet al día). Detener esa sangría económica (y democrática) sería austero y razonable. Rajoy es un hombre pausado, pero seguro que estos 33 años para cumplir un acuerdo no le parece un prodigio de velocidad: al supuesto fundador de la Iglesia le bastó ese tiempo para hacer lo suyo.

Otra idea austera sería revertir el fondo de 100.000 euros para avalar a los bancos (también aprobado de tapadillo en el primer consejo de recortes) que no sólo han arruinado nuestra economía sino que no van a tener sus despilfarros controlados por el Estado que los rescata, a diferencia de las comunidades autónomas y los ayuntamientos. O traerse las tropas de Afganistán, cuya misión de ocupación fue prolongada por un añito también en el consejo de fin de año: puede que las tropas en guerra sean muy rentables para las empresas del ministro Morenés, pero si nos ponemos austeros habrá que invadir menos.

Como esa típica autocrítica que le hacemos siempre a otros, el gobierno nos impone nuestra austeridad porque es fundamental para que a los suyos no les falte de nada. Viven por encima de nuestras posibilidades gracias a que viviemos por debajo de nuestras necesidades.

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