Ayer se confirmó una noticia que se venía cocinando desde hace un tiempo: la suspensión de pagos de Público (concurso de acreedores en moderno). Es una pésima noticia. No hace falta que anticipe la solidaridad que produce la situación de sus trabajadores: tengo buena relación personal con muchos de ellos, algunos conocidos personales, otros virtuales e incluso alguno de los que más admiro lector habitual de este blog para inmenso orgullo mío. Y si no tuviera relación con ninguno de ellos también sería por los primeros por los que lo sentiría (como ocurrió cuando el cierre del nasciturus La Voz de la Calle, por ejemplo, cuando algunos compañeros de IU fuimos a su asamblea de trabajadores a apoyarles en lo que estuviera en nuestra mano -que fue muy poco o nada-). Además, el periodismo es tras la construcción la profesión que más está sufriendo la crisis lo cual añade drama al posible cierre y hace más necesaria la solidaridad con sus trabajadores.

Aclarada esta obviedad, la amenaza de cierre de Público tiene un drama añadido al de cualquier otra empresa. Su cierre dejaría, además de bastantes decenas de trabajadores en paro, un hueco democrático en la pluralidad informativa que ya está debilitadísima. Muchas veces me he cabreado con Público por tal o cual enfoque o por posiciones que no compartía o me resultaban intencionadas. Faltaría más. El día que dirija con mano de hierro un diario no discreparé con él: por ejemplo, con este blog no discrepo casi nunca (sólo cuando me releo). Me enfadó la destitución de Ignacio Escolar como director y que mi enfado era acertado lo prueba que su sustituto anda ahora firmando el artículo Yo sí estuve allí tras ser el artífice de la comunicación de los recortes neoliberales de Zapatero. Ah, y también me irrita cada vez que se refieren a la izquierda parlamentaria como “la izquierda minoritaria” obviando la imprescindible coma: “la izquierda, minoritaria“. Pero es obvio que es el único diario en papel que ha defendido una línea de izquierdas en muchísimas materias y en la que tienen cabida las opiniones de las izquierdas dignas, que no claudican. Siempre que he podido (siempre que he estado en España) he comprado Público y seguiré haciéndolo mientras no cierre.

Ya antes de la aparición de Público era urgente la aparición de medios a la izquierda de El País. Es cierto que entonces PRISA no era todavía propiedad de un fondo de inversión estadounidense, ni habían empezado a desaparecer cadenas de televisión absorbidas por la telebasura pero la carencia era obvia. Hoy el panorama mediático es desolador incluso con la presencia de Público. Los valores ultraconservadores gozan de una hegemonía absoluta y eso es lo que permite que la tijera entre en las capas populares como si éstas fueran mantequilla.

Un problema de partida que tiene Público es la disonancia entre su estructura societaria y el ideal social del espacio de lectores al que se dirige. Es un proyecto que depende de una persona con una gran fortuna cuyo intento de poner en marcha el periódico puede ser encomiable (como lo pudo ser el de Teódulfo Lagunero con La Voz de la Calle) pero que deja un proyecto fundamental de la comunicación de la izquierda en una concentración de poder muy distante con lo que deberían ser nuestras propuestas.

Hay ejemplos de otros medios de izquierdas que nacieron con otra estructura. Desde Democracy Now, que es muy potente en Estados Unidos gracias a miles y miles de pequeñas contribuciones anónimas -como aquí en otra escala Periodismo Humano– a Cuarto Poder, medio independiente propiedad de los periodistas que colaboran en él. Otro puñado de medios tiran sobre todo de voluntarismo y hacen un estupendo trabajo colectivo empezando por éste que me cobija: Tercera Información a otros muy distintos y tremendamente influyentes tipo Rebelión. Con todo lo encomiable de estos proyectos (cada uno de su padre y de su madre) la necesidad que tenemos de medios de comunicación independientes, que puedan hacer periodismo crítico porque no dependan de la publicidad del Banco Santander ni de los caprichos o la mala planificación financiera de un magnate pasa por proyectos que lleguen a capas sociales mucho más amplias.

La verdad es que el único ejemplo que conozco a imitar en ese sentido es, con todos los matices que se quiera, Gara. Gara nació con un tejido social de 10.000 pequeños accionistas tras una campaña popular. Así cuenta su estructura  su director Iñaki Soto:

La gran ventaja competitiva de Gara en un momento en el que las empresas quieren generar una comunidad, es que existe una comunidad que es la que dio origen a Gara. Son 10.000 personas, entre familias y empresas, que compraron al menos una acción para generar el capital necesario para crear un periódico como Gara.

Todos los años les damos cuenta de todo, de en qué hemos invertido el dinero que nos dieron con la austeridad como compromiso y como obligación: Gara está pendiente de un juicio porque se le asignó la deuda que arrastraba Egin con la Seguridad Social. La Seguridad Social se ha negado a negociar con nosotros esa deuda y estamos en situación de suspensión de pagos. Hemos ido sacando adelante Gara exclusivamente con las ventas.

Nuestro modelo de negocio ha cambiado: nos basamos casi exclusivamente en las ventas, porque anunciantes tenemos muy pocos, sufrimos un boicot brutal de las instituciones. Además, en nuestras promociones nos centramos en elementos culturales, no vendemos tuppers, ni decodificadores, ni ollas.

La gente se queja de que su publicidad baja un 20 o 30%, pero nuestra situación ha sido esa desde el principio. Y eso que seríamos un target muy bueno para publicidad según muchas agencias, porque es un lector de cierta capacidad adquisitiva, con título universitario, profesiones liberales… Lo que sí tenemos es una política muy firme con los anuncios de prostitución, no por términos morales, sino porque es un negocio muy turbio que se mueve ajeno a la voluntad de las personas.

Además del diario en sí, participamos en una agencia de fotografía, una empresa de internet… participamos en varias empresas que se crearon con ese capital. En redacción más o menos 70 personas, además de colaboradores para temas puntuales y relación con medios nórdicos, con La Jornada, con Il Manifesto en Italia.

Gara lleva sobreviviendo así 12 años, desde 1999. Resulta curioso cómo lo que desde Madrid veríamos como un reto dificilísimo es presentado por el director del diario como su gran ventaja competitiva. Sé que otras izquierdas carecemos de la sociedad paralela que ha sabido tejer la izquierda abertzale y que es lo que le ha permitido sobrevivir social y políticamente a otros inmensos errores. Pero no podemos no intentarlo y menos ahora que nace un tejido social ramificado e incipientemente estructurado.

De momento se me ocurre que los trabajadores de Público podrían intentar esta opción: que antes de cerrar el diario, la propiedad cediera la posibilidad de una ampliación o transformación del capital social para intentar una masiva suscripción de acciones por parte de miles de nuevos pequeños accionistas. Desde luego muchos lectores estaríamos dispuestos al esfuerzo. Es algo que en todo caso está ahora mismo fuera de nuestras manos.

Lo que no está fuera de las manos de la sociedad civil es preparar algo parecido y que desde ayer se revela urgente. ¿A qué estamos esperando a reunirnos quienes podamos aportar ideas, redes, tejido social y sobre todo quienes puedan aportar periodismo? Hay miles de periodistas y trabajadores de prensa en paro por culpa de la crisis de la prensa. En los ratos que pasé en la redacción de La Voz de la Calle muchas personas me contaban el entusiasmo militante con el que abordaban tal proyecto. Es posible que nuestras izquierdas carezcan de entramados sociales, de las complicidades necesarias e incluso estén a la espera de cualquier posibilidad, cualquier ego herido, o cualquier chorrada para introducir la guerra de garrotazos. Pero también existe un sustrato de generosidad que exige ser optimistas (aunque sea por el necesario optimismo de la voluntad).

Incluso en el más que deseable caso de que sobreviva Público en España necesitamos más proyectos potentes comunicativos que cubran un vacio impresionante: ¿tiene sentido que la derecha tenga La Gaceta, ABC, El Mundo, La Razón, más la sarta de televisiones y radios y en la izquierda nos demos por saturados con Público y las migajitas cada vez más escasas que lanza a la izquierda la SER o incluso El País?

Hace dos días, antes de conocer la suspensión de pagos de Público, escribía Javier Couso en Hablando República (otro estupendo proyecto de opinión colectiva) un artículo que merece ser leído: Comunicación y Cultura: Vamos perdiendo. No hacía falta encajar este penúltimo gol, ya íbamos perdiendo por un tanteo abrumador. Toca calzarse ya las botas y salir a jugar en serio. No queda otra.

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Muy interesante buena parte del comunicado de Diagonal sobre el cierre de Público.

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