Del mismo modo que Camps nunca se vio tan arropado como cuando empezó a denunciarse lo que se cocinaba, esta semana el rey se está dando un baño de cortesanía. Desde alguna portada de la prensa libre con el titular “Los españoles, con su Rey” sobre una foto de Juan Carlos hace veinte años al aplauso interminable de los diputados al aparecer por el Congreso el monarca para inaugurar la legislatura. No faltaron ayer los tertulianos ni faltarán hoy columnistas que nos expliquen que enseñar un desglose de la partida presupuestaria pública que el rey administra según su santa voluntad es la demostración de una honradez que nunca se vio: entre los periódicos de esta mañana alguno habla de “un gesto de transparencia” aunque la palma se la lleve el ABC que califica la publicación como “una decisión inédita” (si somos rigurosos lo es: en 36 años no le había dado la gana de justificar ni un duro de lo que le pagamos).

Ayer muchos medios (TVE a la cabeza de la procesión) ponían especial esfuerzo en destacar que Iñaki Urdangarín no había cobrado ni un duro de asignación de la Casa Real. Parecía que con eso se desvinculaban sus conductas poco ejemplares del negocio zarzuelero. Y sin embargo lo que estaban señalando es que el desglose de brocha gorda difundido ayer es sólo una parte del tinglado económico que hay en torno a la Zarzuela y no es la parte en la que hay ingresos por influencias y similares.

En otros casos es evidente: hace unos días supimos en qué consistía el patrimonio e ingresos y actividades declarados por cada uno de los 350 diputados: ya sabíamos sus nóminas como diputados, pero todos entendíamos que eso no es lo importante para mostrar su honradez. Hoy mismo tenemos a Camps en el banquillo no por cómo administraba su nómina de President, sino por cómo obtenía regalitos gracias a las influencias que podía ejercer para que otros hicieran negocios. El gesto de transparencia de ayer es el equivalente a que Berlusconi hubiera hecho público cuánto cobraba por ser primer ministro italiano y dijera que con eso quedaba todo claro y que quien tuviera dudas ya sabía que todos somos iguales ante la ley (¡qué escándalo cuando Berlusconi se quiso blindar ante la justicia y qué silencio ante el blindaje judicial que la constitución da al rey!).

Si el rey gana 300.000 euros al año, tiene difícil haber acumulado un patrimonio de 1.700 millones de euros sólo con esa renta. Lo cual quiere decir que tiene otros ingresos. Y esos son los que tenemos que conocer, ahí es donde está la chicha.

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