De la guerra de los manifiestos con la que los bandos del PSOE precalientan la elección de un nuevo querido líder, llama la atención que los dos manifiestos contrapuestos lleven razón. El uno viene a decir que la gestión de la crisis que ha hecho el gobierno del PSOE les ha llevado al abismo al abandonar todo atisbo de progresismo; el otro les responde que vaya jeta los del manifiesto, que “no sería decoroso que quien estuvo allí de manera evidente, y cabe decir entusiasta, aspirase ahora a sugerir lo contrario“. Y ambos llevan razón: las políticas que ha hecho el PSOE han sido una vergüenza, pero adjudicárselas sólo a Zapatero como si en el partido hubiera habido alguien de primera, segunda o tercera fila que hubiera hecho la menor crítica llega al nivel de caradura de un rey legalmente irresponsable diciendo que la justicia es igual para todos.

Entre los firmantes del Yo sí estuve allí hay uno que sabe exactamente qué hay que hacer cuando se discrepa de algo importante y que podría darles lecciones a los del mucho PSOE por hacer. Hace dos décadas se inició el exitoso camino hacia la Unión Europea más neoliberal, antisocial y carente de democracia con el Tratado de Maastricht. En Izquierda Unida había una amplia mayoría que estaba absolutamente en contra de un Tratado que además querían que se sometiera a referendum y otros que estaban a favor del Tratado (una minoría a la que la prensa dio un impresionante altavoz). Para lograr un entendimiento se propuso la abstención como señal de que no era en el Congreso donde había que votarlo sino en las urnas, en referendum. Pues bien, a Diego López Garrido, que no se callaba una discrepancia en público, no le parecía asumible esa conciliadora abstención y votó a favor del Tratado. Si alguien criticara ahora aquella posición de IU por otra Europa (que no creo: se trata ahora más bien de que olvidemos que había quien anunciaba lo que vendría con aquel diseño de Europa), Diego López Garrido sí podría decir sin sonrojo que él no estuvo allí. ¿Algún cargo relevante del PSOE puede mostrar una sola discrepancia real con las agresiones sociales y democráticas que nos zurra su gobierno?

No ha habido nada parecido en el PSOE. Ni una discrepancia, ni un voto discordante salvo los de Antonio Gutiérrez, que se desmarcó alguna vez anunció que dimitiría como diputado si el PSOE seguía en esa política (algo que no hizo, pero le permitió quedar muy bien). Juntitos han votado todo: recortes sociales, reformas laborales, pensionazos, invasiones, reformas de la constitución express dictadas desde Alemania que dan prioridad absoluta al pago de la deuda frente a, por ejemplo, el pago de pensiones, de la sanidad, etc… La falta del sentido del ridículo llega a un extremo al ver que uno de los firmantes del manifiesto supuestamente autocrítico es Roberto Jiménez, secretario general del Partido Socialista Navarro que gobierna en coalición con UPN y aplica recortes en todas las partidas incluido el despido de profesores interinos: mientras hace lo mismo que Esperanza Aguirre pide autocrítica por haberse olvidado de las políticas de izquierdas desde el gobierno.

Sólo ha habido ruido de discrepancias cuando las decisiones afectaban a aspiraciones personales a cargos. No se conoce públicamente discrepancia alguna de Carme Chacón con un gobierno en el que ha participado de manera evidente, y cabe decir entusiasta ni tampoco que siquiera se ausentara de una votación relevante en el Congreso; pero, ay, cuando le dijeron que Rubalcaba era el candidato y que fuera olvidándose de presentarse a unas primarias mostró por primera y única vez su enfado y usó como excusa el comodín del giro a la izquierda. Como Tomás Gómez, a quien no se le oyó discrepar cuando le ordenaron desde Ferraz no votar contra el Presupuesto ni su Ley de acompañamiento y se prestó a abstenerse en la privatización del Canal de Isabel II pero saltó como una fiera cuando le dijeron que la candidatura del PSM la iba a encabezar Trinidad Jiménez: de nuevo, ante la amenaza de perder un sillón aparecieron los principios y las ideas de izquierda, democracia interna, etc.

¿Desolador panorama? No, qué va. Hay muchos que podemos decir claramente que no estuvimos allí. Que estábamos votando en contra, manifestándonos enla calle (con coherencia, no como Valeriano Gómez el 29-S unos días antes de ser Ministro y mantener la reforma laboral contra la que se había manifestado), exigiendo justicia y democracia… Hay una parte importante de la sociedad que ha estado oponiéndose a las políticas antisociales y que no se tiene que desmarcar ahora para competir por un trono. Una parte de la sociedad a la que ni nadie del PSOE ni, sobre todo, el PP, que ahora continuará y radicalizará el legado, pueda neutralizarle con un justo tú también estuviste allí.

Doy por hecho que habrá gente del PSOE que lleve honestamente muy enfadada al menos desde mayo de 2010.  Quizás sería el momento de plantearse que desde donde se podrá hacer oposición al PP es desde otros lados, que con quien deberían estar es con quienes efectivamente no estuvimos allí: no es obligatorio estar en el bipartito. Para que el país encuentre alternativas habrá que ofrecerlas desde algún sitio en el que nos encontremos quienes realmente queramos ponerlas en el BOE y llevarlas a cabo. Salvo que de lo que se trate es de ser de izquierdas hasta que logremos el sillón desde el que obedecer a Merkel y Botín.

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