Imprescindible programa de La Tuerka (el programa de la imprescindible TeleK). Aparte de por la sorprendente calma con la que participa José Coy (amigo y admirado) que llega a decir por primera vez en la historia de la televisión una frase tan antisistema como “esto es la televisión y los espectadores merecen respeto” y lo demoledor que es Rafa Mayoral. Pero sobre todo porque evidencia que para hablar de las hipotecas hay que hablar de reforma laboral, del paro, del Banco Central Europeo, de la entrega de los gobiernos a la banca, la violencia policial… Todo. Porque los desahucios son el sistema, el sistema capitalista. Cuando exigimos el cumplimiento de los derechos humanos también exigimos el de vivienda y el de empleo. Y son incompatibles con el capitalismo.
El propio Modesto Moya, diputado autonómico del PSOE en la Asamblea de Madrid, dice con más altivez que sarcasmo “parece que acabamos de descubrir que los poderes económicos tienen poder de verdad en el mundo, parece que eso ha ocurrido en los últimos meses o en los últimos años. Hubo un tal Carlos Marx en el siglo XIX que ya teorizó algo sobre eso, ¿no?“. Sí, algo teorizó. Teorizó, por ejemplo, que el socialismo (lo que se supone que defienden los socialistas e intentan ejecutar cuando gobiernan) es una forma de organización en la que el aparato Estatal se pone al servicio de los trabajadores (es decir, de la ciudadanía) para acumular fuerza e impedir a esos poderes económicos que mantengan ese poder y sea transferido al pueblo. El socialismo, los socialistas, nunca son quienes ejecutan dócilmente las instrucciones de esos poderes económicos que no acabamos de descubrir y que por tanto no han pillado por sorpresa a nadie. Se han entregado a esos poderes económicos porque han decidido libremente no oponer absolutamente ninguna resistencia. Si esos poderes económicos tienen el poder de verdad no hay democracia. Y la democracia, también, es incompatible con el capitalismo.
Y finalmente es interesante el papel del policía porque ilustra perfectamente dónde se sitúa la crítica genérica a los políticos. Comenta unas diez veces que “yo no soy político” como si no lo fuéramos todos los ciudadanos. Y después expone desde su apoliticismo todas las consignas políticas de un ámbito político muy determinado.
Si te ha gustado, ¡compártelo!: