El martes que viene, víspera de los inocentes, Ana Botella será proclamada alcaldesa de Madrid. Es algo de lo que los partidos de la oposición avisaron durante las elecciones del 22 de mayo pero o la ciudadanía madrileña creyó más a Gallardón cuando aseguraba que ya había hablado con Rajoy y habían decidido que se quedaría de alcalde toda la legislatura o lo creyeron pero les dio igual. Sea como fuere considero legítima la elección de Ana Botella: nos hemos hartado de explicar que la ciudadanía elige opciones políticas y que por ello es falsa la falta de legitimidad que el PP siempre achaca a los gobiernos y ayuntamientos de coalición y mayorías alternativas que destronan al partido más votado (siempre y cuando el partido más votado sea el PP: en Euskadi no parecen mantener la denuncia). El PP mintió con Gallardón, pero si las mentiras del PP forzaran repeticiones de elecciones pocos gobiernos del 22M habrían llegado al verano.
Es cierto que Gallardón tiene un ego tan superlativo que distorsiona cualquier elección, pero ello no necesariamente le da votos. En la ciudad de Madrid, en concreto, el PP sacó el 22 de mayo 45.000 votos menos en las municipales (Gallardón) que en las autonómicas (Aguirre). En los colegios electorales de los distritos donde se concentra más voto reaccionario (mi distrito, por ejemplo) era fácil ver varias papeletas del PP que se convertían en nulas porque estaban tachados con saña los nombres de Gallardón y Manuel Cobo. Otros cuantos votantes (23.000) votaron a UPyD en el Ayuntamiento y no en la Comunidad: eso es una anomalía absoluta que sólo se explica como expresión del voto ultra que vota a Esperanza Aguirre pero sabe que el profesor Federico no quiere que vote a Alberto (que ya es el ministro de ETA, el que ocultará el 11M, el Faisán y las nuevas obsesiones que se le ocurran a Federico). Es decir, no sabemos si la presencia de Gallardón sumó o quitó votos.
Ana Botella no va a ser peor alcaldesa que Gallardón. ¿Arruinará más la ciudad? Lo tiene difícil ¿Cerrará o privatizará servicios públicos municipales? Más difícil aún: primero tendría que encontrar algo que haya dejado el Alcalde. Todo el mundo cree que en lo que adelantará por la derecha a Gallardón será en libertades civiles: acaso se le ocurra prohibir la música en las fiestas de Chueca y que haya que escuchar los conciertos con auriculares, pero esa estupidez sólo prolongaría la humillación a la que obligó Gallardón este verano.
No se me ocurren muchos más ámbitos en los que Ana Botella pueda pasar a Gallardón por la derecha en los hechos ni empeorar su gestión municipal. Y sin embargo estoy convencido de que lo aparentará: Gallardón ha sido un pésimo Alcalde pero un eficacísimo trilero y en un país en el que la política se mide más por declaraciones que por hechos pasa por ser progresista simplemente porque es educado, no insulta demasiado y envuelve lo que piensa en larguísimos discursos sin contenido pero con muchas palabras esdrújulas, que es lo importante. Además Gallardón ha sido muy hábil generando complicidades mediáticas e incluso políticas allí donde el resto del PP nunca lo conseguía. Por muy bien asesorada que esté a Ana Botella siempre se le escapará un peras y manzanas o una defensa de la maravilla ambiental que supone la boina de contaminación que tenemos encima.
Ana Botella cuenta con tres años y medio para meter la pata e indignarnos a la ciudadanía madrileña. A quienes venimos con el enfado de fábrica pero también a ese espectro social al que Gallardón no le resultaba tan molesto como para movilizarse o siquiera ir a votar a otro partido. El propio PP sabe que Ana Botella es un peligro y filtró en campaña electoral que estos tres años estará “a prueba“ y que si ven que tiene mala pinta la reelección la sacrificarán.
Ana Botella puede ser el primer flanco de debilidad del partido de régimen que hoy gobierna todo. No es seguro que lo sea dado el control político que ejerce el PP en la Comunidad de Madrid por muchos motivos, así que para que lo sea tocará mucho trabajo y una oposición muy inteligente. A la izquierda política y social, la que no está catatónica, le toca aprovecharlo desde el mismo martes.
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