Ayer por la mañana, como si fuera una mala película, coincidieron dos hechos que ilustran bastante la situación de la pluralidad mediática hacia la que vamos. Por un lado, Antena 3 TV suspendía por la mañana su cotización en bolsa porque se estaba comprando La Sexta, canal al que se pueden hacer muchas críticas (desde luego yo se las hago: el fomento del bipartidismo indisimulado y a veces incluso ilegal) pero que sin duda era hasta ahora el único canal privado en el que había programas que ver con interés. A la misma hora, en un desahucio de una vivienda, la policía detenía por enésima vez a Edu León, fotoperiodista de Diagonal, que a esta hora sigue en comisaría acusado de atentado contra la autoridad.
La progresiva reducción del pluralismo informativo es una evidencia: esa TDT que iba a garantizar una multiplicidad de voces se ha convertido sólo en una colección de canales que incluyen a la extrema derecha, la derecha, la nadería y la teletienda. Lo lógico en una democracia. Es la prueba de que si queremos pluralismo es imprescindible una Ley de Medios que impida la concentración y promueva los medios comunitarios y la diversidad, así como la existencia de medios públicos merecedores de tal adjetivo. Una Ley de Medios siempre será atacada como dictatorial por esos empresarios que pactan fusiones para hacer un buen balance financiero pero que mandan al garete el balance democrático. Cuando se empezó a rumorear la absorción de La Sexta por Antena3, al tiempo que Telecinco se compraba Cuatro, se difundió la broma (más que lúcida) según la cual 6+3=5+4: perfecto resumen de los márgenes en los que nos movemos. Lo poco que hay todavía de medios de masas que se salgan algo o mucho del monólogo se mueve en el alambre del cierre por falta de dinero.
El caso de Edu León no es nuevo. Lo han detenido varias veces pues, como corresponde a un fotógrafo de Diagonal, no se dedica a hacer fotos de inauguraciones sino a denunciar con su cámara. Las anteriores detenciones (si no recuerdo mal) fueron todas por documentar esas redadas racistas que ayer (también ayer, qué día) denunciaba Amnistía Internacional. Antes las redadas cuya existencia negaba el gobierno habían sido fotografiadas por gente como Edu León que era conducida a comisaría por hacer periodismo. Afortunadamente estas detenciones suceden en España: si esto pasara en cualquier país de América Latina sería una prueba irrefutable de la existencia de una dictadura.
Sin hacer ruido se van consolidando dos tendencias: la de la uniformidad mediática garantizada por el control económico (mostrando por enésima vez que la democracia no es compatible con los principios teóricos del capitalismo y mucho menos con su práctica) y el castigo de cualquier voz disonante sin que haya mucho límite: hasta el punto de llevarse a galeras sin demasiada respuesta mediática ni política siquiera cuando la policía detiene a un fotógrafo por hacer fotos. Quien acuse a un fotógrafo de usar su cámara para agredir a alguien o usa el término agredir con una enorme laxitud o no conoce a ningún fotógrafo: antes venden a sus hijos que arriesgar la integridad de su cámara; además en este caso todos los testigos -en público y en privado- aseguran que lo único que hizo Edu León fue coger la cámara para seguir haciendo fotos, que es por lo que le han detenido.
Como en otros campos tocará en algún momento dar respuesta, pensar estrategias para generar espacios de información libre mayores y con más autonomía de todo tipo. Existen ejemplos en el mundo desde el fabuloso Democracy Now con miles de suscriptores al caso de Gara que, con todo lo que se pueda discutir, se puso en marcha gracias a miles de pequeños accionistas que querían un medio crítico e independiente de poderes financieros y de millonarios caprichosos (y sostenido sin apenas publicidad). Hay ejemplos de que se puede hacer otros proyectos pero en España son todavía demasiado pequeños y por ello poco influyentes y susceptibles de verse arrinconados por la represión silenciada.
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El colectivo fotogracción está recogiendo firmas a un comunicado de denuncia de la detención de Edu León. Conviene leerlo y uno aconseja firmarlo. Pero también es recomendable hacer un recorrido por las firmas para constatar que aunque hace pocos días todo el mundo hacía declaraciones muy monas sobre el Día Internacional de los Derechos Humanos, llegada la ocasión de defenderlos mínimamente (con una inocente firma) en el país de uno la defensa queda reducida a muy poquitos colectivos sociales, periodísticos y políticos muy localizados.
Bien, muy bien D. Hugo. Como siempre en la diana.