Ahora que toca austeridad muchos demagogos que no tenemos ni idea hemos propuesto que se recorten gastos que parecen un lujo cuando no una concesión de mucho dinero (entre otras cosas) de toda la sociedad a una parte de la misma. Así, nos lanzamos a gritar demagogamente que antes de recortar en educación o sanidad sería bueno no regalar miles de millones de euros a la Iglesia en general (10.000 millones al año) o a la Jornada Mundial de la Juventud (católica) en particular; les pedimos que no se monten más candidaturas olímpicas tras varios fracasos que no han llevado a nada y que de tener éxito generarían impresionantes gastos de entrada (y ya se vería si ingresos de salida); les pedimos en su día (y sin estar en crisis, que la demagogia no tiene límites) unas cuentas claras que explicaran cuánto se había gastado, por ejemplo, en la boda de Felipe de Borbón y Letizia Ortiz sin que nunca ninguna institución diera una respuesta mínimamente clara. Hay incluso quienes pedimos que se deje de participar en guerras y en estructuras internacionales hechas para la guerra por motivos humanitarios pero que como éstos no cuelan añadimos que es un disparate de gasto.

Si hacemos estas peticiones es, insisto, porque no tenemos ni idea. Cada vez que nos ponemos a gastar en estas partidas aparentemente supérfluas siempre hay un estudio que nos explica lo rentabilísimo que es el disparate. Cuántas veces nos habrá explicado la jerarquía católica que lo que damos a la Iglesia obligadamente es muy rentable porque así se ocupan de los pobres dejando que el Estado centre sus esfuerzos inversores en rescatar bancos.

La más brillante aportación al mundo de las auditorías desmontaprejuicios la hizo PricewaterhouseCoopers (una empresa en la que confiaría cualquiera: la recordaréis porque tenía brillantes asesores en EEUU como Jaume Matas). La semana pasada presentó un informe encargado por el Arzobispado de Madrid con toda seriedad y con rueda de prensa incluida, tras la cual los medios afines publicaron sus datos como si fueran dogma de fe (y de hecho lo eran). En él se explicaba que la Jornada Mundial de la Juventud (católica) había sido un negocio redondo para toda España e incluso también para el Arzobispado de Madrid aunque estaban cerrando todavía los números. ¿Cómo se había llegado a una conclusión tan contraintuitiva de que los (desconocidos) millones de euros regalados eran en realidad ingresos públicos? Con un profundo estudio que consistió en “una encuesta a 500 peregrinos y la confianza en los datos aportados por la organización“. La organización es el Arzobispado de Madrid que no sólo aporta confianza sino el dinero que cuesta el estudio y es de mala educación morder la mano que te da de comer.

Con todo lo demás pasa igual: presentar una nueva candidatura a los Juegos Olímpicos es gratis y ganar también lo sería porque ya están hechas todas las obras (pese a que los más escépticos afirmen que no está hecho ni el Estadio Olímpico). ¿La boda de Felipe y Letizia? ¡Un chollo! Fue rentabilísima porque las imágenes que vería todo el planeta supondrían una riada de turismo impensable: ¿quién no conoce decenas de turistas que cuenten que ses le ocurrió visitar Madrid al ver por la televisión a la entrañable pareja real? La propia monarquía es muy rentable porque según nos explican una república saldría mucho más cara incluso aunque no la presidiera Urdangarín. Por supuesto las guerras también son rentabilísimas aunque la inversión inicial sea algo elevada: eso no lo vamos a discutir aunque podamos constatar que la inversión la pagamos todos y la rentabilidad suele ser de unas pocas empresas energéticas y de armamento.

No tenemos ni idea. Hay un montón de estudios que explican sabiamente que un festival de propaganda religiosa es una inversión mientras la sanidad y la educación públicas son un derroche. Son estudios rigurosos hechos por las mismas empresas que demostraron la estupenda salud de Lehman Brothers y la pésima salud de nuestra deuda pública. Estudios que, por supuesto (y esto no lo negaré) son un negocio redondo: Con la que está cayendo ¿no es acaso buena idea que los emprendedores se forren comprando deuda y vendiendo acciones?

Dejemos que hablen los que saben, que si recortan en derechos sociales y no en disparates es porque no les queda otra. Qué más quisieran ellos que recortar en chorradas, pero es que las chorradas son un negociazo para todos. A ellos les duele más que a nosotros: no hay más que ver a la tecnócrata que llora al anunciar que va a hacer lo que hay que hacer. ¿Para qué empresa consultora habrá trabajado esta tecnócrata antes?

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