Mira que ha sido duro para Rajoy llegar a la presidencia del Gobierno: dos elecciones perdidas, un congreso de su partido en el que le sacaron los cuchillos los mismos que hoy le adulan y que sólo se aseguró por el apoyo de Camps. Y ni un ratito de alegría tiene el hombre. Cuando Ángela Merkel ganó las elecciones Zapatero explicó que era una fracasada y allí salió el PP en tromba a defenderla. Pero ahora que gana Rajoy Merkel le manda un telegrama: “Muy bien, chaval, pero ahora tienes que hacer los deberes que te vamos a poner“. Tampoco esperaron nada Fitch y Standard&Poor´s (¿y Moody’s por qué no? ¿qué estará tramando?) para exigirle a Rajoy que radicalice el suicidio social que puso en marcha el PSOE en mayo de 2010.
Uno desearía que quienes se envuelven en la rojigualda y no se quitan la nación española de la boca recordasen el mantra nacionalista en estas ocasiones: que defendieran un poco la dignidad de España y, si una presidenta extranjera y dos empresas especuladoras estadounidenses le dicen al presidente español de facto qué política tiene que hacer, éste les diga que sus consejitos se los pueden meter por el Parlamento recién elegido. Que una minoría del pueblo español le ha elegido para que aplique un programa inexistente y que eso es exactamente lo que va a hacer porque las leyes españolas convierten esa minoría del pueblo en una mayoría de representantes.
Pero no, las elecciones fueron para el PP un teatrillo, un trámite engorroso para tomar posesión del Gobierno (como ahora lo es la ley para Arias Cañete), ocupar el puesto de criado de los mercados y gestionar los sacrificios humanos que éstos pidan.
Tan obscena como las órdenes de Fitch&Merkel´s ha sido CiU esperando 24 horitas para atacar de nuevo con recortes salariales y de servicios públicos que aún no se han concretado pero que ya deberían tener su respuesta en la calle. Mas no va a ser el único aunque sí ha sido el más desvergonzado. No tardarán en pegar otro hachazo otros gobiernos autonómicos. Salvo el andaluz, que esperará a las elecciones.
Resulta paradójico que todos estos recortes se defenderán en nombre del aval popular. Ya dice Merkel que Rajoy tiene un mandato para hacer reformas rápido (y radicales, añade Fitch). Mas explicó su nuevo plan diciendo que el domingo se había visto que los catalanes estaban de acuerdo con la seriedad y la responsabilidad del gobierno que preside. No estarán tan seguros de que los pueblos querían lo que se avecina cuando no les avisaron antes por si ello menguaba sus resultados electorales.
Ni Merkel ni las agencias de rating le han dado ni un día de tregua a Mariano Rajoy. Si así le tratan sus aliados, que no nos pida los famosos cien días a sus rivales.
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