El lunes la UNESCO anunciaba que una amplísima mayoría de países (107 a 14) había decidido que Palestina se incorporara como miembro de pleno derecho de la organización. El lunes por la tarde Estados Unidos (Obama, el premio nóbel de la paz, el del cambio change) anunciaba que dejaría de pagar su parte a la UNESCO por no haberle hecho caso en la marginación de Palestina y como su aportación es un 20% del total, la UNESCO pagaría caro ese ejercicio de autonomía democrática que la condena a la asfixia económica. Ese mismo lunes por la noche Papandreu anuncia que convocará un referendum para que sea la ciudadanía griega la que decida si se ciñe un poco más la horca que tiene puesta al cuello a cambio de que la UE, el FMI y el Banco Mundial le den más dinero para pagar lo que debe a los bancos alemanes y franceses. Y esa decisión (la de que firme o no el pueblo que sufra las consecuencias y no sólo su gobierno reunido en Bruselas) es respondida en 48 horas: se retienen 8.000 millones (del primer rescate, aquel a cambio del cual los griegos ya sufrieron brutales recortes) que iban de camino a Grecia para que Grecia los mandara de vuelta a los bancos europeos.

La lógica del capitalismo es la lógica del chantaje. Es una lógica cotidiana, aunque en ocasiones se observe con la obscena crudeza de estos días. Quien tiene dinero decide los márgenes de la libertad de quien no lo tiene. Y punto. En estos días en que se debaten programas electorales (es un decir), el argumento contra quienes defendemos que haya justicia fiscal es también el del chantaje: si subimos los impuestos a las grandes fortunas éstas se pirarán y no veremos un duro. Los gobiernos democráticos no tienen capacidad de fijar los impuestos, sino que éstos tienen que estar en el nivel que sea aceptable para los ricos que, o no pagan porque tienen una SICAV o se piran con la maleta y los fajos. El pueblo tiene el derecho a elegir quién obedecerá las instrucciones de quien manda.

Es la lógica de la cabeza de caballo que aparece en la cama de quien quiera tomar decisiones por sí mismo. La libertad que se nos concede es la del animal de circo que puede moverse libremente dentro de la jaula en la que le han encerrado e incluso optar por saltar por dentro del aro que le muestra el domador o no: el animal elige, pero sabe que si elige no hacerlo lo tumbarán a latigazos.

Los defensores del capitalismo se empeñan en explicarnos que su sistema preserva la libertad del ser humano aunque quizás sea en detrimento de la igualdad. Falso: la libertad y la igualdad no pueden ir disociadas pues la desigualdad es la que otorga a unos poquitos el papel de domadores y a la mayoría el de fiera enjaulada que sabe que o pasa por el aro o sufrirá el castigo del látigo. Presentan un dilema falso entre libertad e igualdad como si pudiera haber una sin la otra.

Obama, Merkel, Sarkozy, Rubalcaba, Montoro,… se ponen del lado del domador porque creen que es un bando ganador seguro. Pero igual, de tantos latigazos, la fiera se revuelve, le da un zarpazo y consigue escapar. Y ya, sin dom(in)ador consiga vivir libre. Viva Grecia, Viva Palestina. Vivan la democracia y la libertad.

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