Y dijo Ana Botella: «El planeta está al servicio del hombre, no el hombre al servicio del planeta«. Y nos entró una risa nerviosa por el hecho de que esta señora es la delegada de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Madrid. Y sin embargo creo que, si no fuera ella quien es, se podría hacer una interpretación con la que estar plenamente de acuerdo.

¿Por qué «si no fuera ella«? Sabemos que Ana Botella pertenece a una secta católica. En el primer capítulo del Génesis leemos:

Y dijo Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza para que domine sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados y sobre todas las bestias de la tierra y sobre cuantos animales se mueven sobre ella»

En este caso el masculino de hombre es genérico: «Y creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó , y los creó macho y hembra.«. Lo de la costilla es después, en una segunda creación del hombre (esta vez sólo varón) al que tras ver su aburrimiento acompaña de una mujer costillar: los textos infalibles tienen estas incoherencias que escapan a nuestro entendimiento.

Debemos suponer que Ana Botella se refiere a ese dominio mandado por Dios ejercido sobre los animales (no sobre el planeta ni sobre las plantas). Está implícito que el ser humano haga con los bichos lo que le dé la gana, que para eso le toca dominarlos. Y se entiende que es el hombre y la mujer actual quien debe arrasar según su conveniencia.

Pero hay otra interpretación posible de la frase de Ana Botella si no la hubiera dicho ella. Yo estaría dispuesto a firmar que la humanidad no está al servicio del planeta y que la razón para ser ecologistas es que conservar el planeta en condiciones habitables es necesario para la humanidad. Si la humanidad estuviera al servicio del planeta, tendríamos que planificar un urgente suicidio colectivo: el mejor servicio que podríamos prestar al planeta es la desaparición de la plaga humana. Pero de ahí se deduciría una especie de panteísmo o una teoría tipo Gaia que supusiera que el planeta es alguien a quien servir.

Todas las ideologías tienen un sujeto político detrás: el individuo para el liberalismo, la nación para el nacionalismo, la clase obrera para el comunismo, Dios para los integristas,… ¿Y para el ecologismo? No creo que para el ecologismo el sujeto político sea el planeta. Es, más bien, la humanidad presente y la futura. Es decir, no nos podemos cargar el planeta porque no tenemos derecho a arrancárselo a nuestros nietos. Ni a los nietos de nuestros nietos.  Queremos preservar el planeta porque es un derecho de la humanidad, mientras que su destrucción decreta que los seres humanos que existan no podrán ejercer algo a lo que tienen derecho como es un medio en el que vivir.

Ocurre que Ana Botella entiende eso de que el planeta esté al servicio del hombre al modo en el que la derecha lo entiende todo: pueden usar el masculino como genérico, pero el singular siempre es singular. Los derechos del hombre y del ciudadano nunca son de todos los hombres (y mujeres) y de todos los ciudadanos. Si los entendieran así, se acabaría la discusión sobre la propiedad privada, por ejemplo. Se acabarían en realidad casi todas las discusiones. Y cuando Ana Botella afirma que el planeta está al servicio del hombre, se refiere a que cada hombre o mujer haga con el planeta lo que le venga bien, sea construir una urbanización, un campo de golf ilegal o ceder terreno público a una secta. No piensa en garantizar que todas las personas (poderosas o no) puedan usar para su vida el planeta en las mejores condiciones posibles.

El problema no es que el planeta esté al servicio del hombre. El problema es qué entendemos por el hombre.