Cada vez que se monta una escándalo sexual con algún responsable político se dice que se habla de la vida sexual de alguien por otro error moral: la mentira (Clinton), el trato de favor,(Robinson: dicen que le consiguió un trabajo al chaval que le alegraba los bajos), la incoherencia. (fue el principio del caso Robinson: se decía que el problema era que era una puritana y luego, mírala qué alegre)… Esa vida sexual es irrelevante pero, ay, no tenemos más remedio que destriparla para sacar a la luz esa otra miseria que sí es importante.
Desgraciadamente la mentira no siempre alcanza la misma relevancia: una mentira para ocultar una chupadita supone juicio e impeachment; una mentira para invadir un país supone la complicidad entusiasta de congresistas, senadores y periodistas. Tampoco el trato de favor se responde con la misma energía si no hay una morbosa relación extramatrimonial: Aznar colocó a sus mejores compañeros de pupitre al frente de las compañías a privatizar: como no parece que tuviera relaciones sexuales con ellos (Aznar es virgen, de ahí su carácter), nunca hubo escándalo. Si Zapatero llamara a un amigo para ver si hay trabajo para su sobrino en alguna sucursal de La Caixa no pasaríamos del chascarrillo. Por no hablar de los sorprendentes trabajos que consiguen las infantas y los consejos de administración a los que acceden sus cónyuges hasta que el exceso de plátanos del Lidl los hace non gratos en la familia y por tanto en los consejos. No, el trato de favor no nos preocupa demasiado si no concurren penes y/o vaginas.
Queda el asunto de la doble moral, que tiene bastante que ver con la propuesta de outing a los políticos, curas y periodistas que promueven la homofobia. Y es peligrosísimo: si de aquellas personas que tratan de imponer su moral privada (incluida la sexual) sólo castigamos a aquellos que no son coherentes, ¿estamos legitimando a los torquemadas que deciden vivir castrados de acuerdo con su discurso? Da igual si Ana Botella, Paco Vázquez, Rajoy, José Bono, Cristina López Schlichting , Rouco Varela y Juan Manuel de Prada son coherentes con la moral que intentan imponernos: tanto da. Tal imposición es absolutamente ilegítima y la coherencia o incoherencia personal es tan anecdótica como si nos enterásemos de que un activista gay ha tenido un desliz heterosexual.
Que sean incoherentes, leche, que disfruten de una buena e intensa vida sexual: a ver si así dejan de estar amargados y de amargarnos.
Sobre la mentira:
Leo un poco por encima que en Inglaterra y Holanda hay sendas comisiones parlamentarias funcionando, investigando y escribiendo folios, que investigan el papel de sus gobiernos en la invasión de Irak por ejercitos occidentales.
Aqui, osea, en españa ¿alguien ha pedido que se haga algo parecido?
@ultimolunes: Sí, el PCE, pero las autoridades judiciales desestimaron que se investigara el más que posible delito. Ahora, si no recuerdo mal, está ne manos de las autoridades judiciales europeas.
Saludos.