Hace algunos años una familiar por la que no sentía afecto alguno perdió la cabeza. La ausencia de cariño permitía analizar los itinerarios de su decadente razón con cierta frialdad. Una de las cosas que más llamaban la atención era su capacidad para elaborar frases con estructura gramatical perfecta y palabras realmente existentes pero sin ningún contenido: algo que sólo los genios del absurdo consiguen; pero ella pensaba que era perfectamente coherente, por lo que esperaba una respuesta que resultaba imposible: ¿qué responde uno a una frase que no significa nada.

Recordé aquello al leer la frase con la que un juez pretendía encarcelar a dos periodistas (al loro: encarcelar a dos periodistas que no son vascos) porque las noticias relacionadas con el Tamayazo que publicaron aparecieron en la web de la Ser, que no ejerce el derecho de información porque internet “no es un medio de comunicación social, sino universal”. Seguro que al firmar tal frase el juez se quedó tan encantado como aquella mujer con sus frases absurdas perfectamente estructuradas. ¿Un medio de comunicación que no es social, sino universal? ¿Quiere decir que hay comunicación más allá de lo social? ¿Qué carajo es la sociedad para este juez si no un espacio de comunicación? ¿Y qué es la comunicación si no el andamiaje de lo social? ¿Y qué comunican esos medios universales? ¿Es acaso internet una comunicación más allá de lo humano? ¿Detecta el contador de visitas de mi blog a esos inquietantes Visitantes? La expresión “medios de comunicación social” es redundante, por lo que medios de comunicación que no son sociales es un oxímoron: ingenioso y hasta gracioso, si no se usara para llevar al talego a nadie que no sea un periodista vasco.

No hay que ser muy severos con el juez. Cuando vimos que aquella familiar mía había perdido la cabeza hicimos de tripas corazón y le seguíamos la corriente mientras la cuidaban los médicos. La sentencia no puede ser válida, pues no está (racionalmente) fundamentadal. Pero no conviene que el juez se dé cuenta: que hagan como que presentan un recurso, como que se lo toman en serio, mientras le van dando en el café disimuladamente la medicación correspondiente.

Y que le den el caso a otro juez, que no se dedique al absurdo, sino a las tramas que impidieron que Madrid tuviera el gobierno que había elegido su ciudadanía y que llevaron a Tamayo a hacer negocios inmobiliarios en Guinea Ecuatorial, con El Pocero.