En muchos ámbitos la palabra etnia es simplemente un eufemismo para sustituir a la (justamente) desprestigiada raza. En realidad para la antropología una etnia es algo así comunidad de personas unidas por lazos férreos e informales: costumbres, lengua, religión,…
Ayer el Tribunal de Estrasburgo dictó una sentencia que validaba a efectos de pensión de viudedad una unión gitana que no había cumplido el ritual ajeno que marcaba la legislación franquista: el matrimonio católico (¡entonces sí que se defendía a la familia y no como este tribunal bárbaro que osa trabajar en el día de la Inmaculada Concepción!). El Tribunal argumenta, con razón, que conceder los derechos propios de una unión familiar sólo en función de que se cumpla el rito pensado para la mayoría social es discriminatorio para las minorías.
Hoy todas las parejas monógamas pueden casarse según sus ritos religiosos o laicos… salvo quienes no quieren casarse. Sobre todo entre los jóvenes (y cada vez menos jóvenes) urbanos, aparece como una opción muy generalizada la unión en pareja perfectamente análoga al matrimonio sin formalizar. En muchísimos ámbitos sociales se concibe como una perfecta anomalía casarse: no es que haya un fuerte discurso ideológico contra el matrimonio, sino que en nuestros hábitos sociales entra formar una pareja, convivir, reproducirse,… pero no formalizar jurídicamente esa unión.
Si la etnia es una comunidad cultural, ahí hay algo parecido a una etnia. El asunto supone que, por ejemplo, si uno de los dos muere sin haber hecho testamento, los bienes que estén a su nombre no pasan al viudo o viuda, sino a los padres, hermanos o hijos del muerto; si hubiera sido una pareja casada, la ausencia de testamento no supondría problema alguno. En atentados como el 11-M el gobierno concedió a las parejas que pudieran demostrar una hipoteca común la condición de viuda o viudo y víctima del terrorismo (con las mismas indemnizaciones y pensiones que cualquier otra víctima) pero el Tribunal Supremo anuló esa decisión y los convirtió… en nada, en amigos del asesinado.
Cuando se plantea la cuestión de las parejas de hecho (las registradas como tales son, obviamente, parejas de derecho), muchas personas responden que si no se registraron es porque no quisieron. Se supone que los derechos derivados del matrimonio no se deben a la unión contractual sino a la relación familiar que se deduce de tal contrato y que esa relación familiar es idéntica cuando no se ha firmado tal contrato.
Además no hay que desdeñar el poder de lo cultural. Uno puede morir de hambre con un trozo de carne cruda delante si ha aprendido (culturalmente) que la carne cruda no se puede comer. Digan lo que digan los liberales (los de verdad, que alguno habrá), la razón casi nunca es más poderosa que la cultura. Y nos podemos seguir engañando mientras no se acerquen a ciertas edades las parejas no legalizadas, pero en no demasiados años habrá miles de viudos y viudas sin derechos por haber pertenecido a amplios sectores sociales que no concebían formalizar jurídicamente su vida afectiva. ¿Una pareja que no pase por un registro es sólo una pareja de amigos?.
La sentencia de Estrasburgo no dice que sean ilegítimas las discriminaciones de hace cuarenta años, sino que son ilegítimas las discriminaciones. Y las que hay hoy, en cuanto a derechos de las parejas, son estas.
considero que la cuestión no es el rito (ya sea católico, musulman, evangélico, etc) en el que unos creyentes expresan su amor ante su dios y ante su comunidad de creyentes. la cuestión que el Estado se rige por unas relaciones de ciudadanía laica:la legislación. Si no se quieren acercar al juzgado para formalizar legalmente lo que han formalizado religiosamente, la opción sería que el Estado convenie con las direferentes confesiones una normativa en la que se obligue a las diferentes iglesias a que los casados firmen unos documentos oficiales y la iglesia los comunique a la Administración Pública. El matrimonio religioso, es un sólo un rito de paso ante la comunidad de creyentes pero no ante la comunidad laica. Se pregunta si una pareja que no pase por un registro es sólo una pareja de amigos. Dado que el Estado, por suerte,no se nos mete en casa ni en la cama con nosotros no puede saber si hay relación de afectividad o no. Es un tema interesante, plantea dudas, buena entrada.
Bueno, no se mete en casa relativamente. Por ejemplo, yo llevo tres años empadronado en la misma casa con una persona. Si la palmo mañana, ella podría demostrar que es mi viuda, pero como no ha cumplido ese requisito, el estado pasaría de ella y mis (ridículamente escasos). Se podría regular que las personas que están empadronadas en la misma casa son presunta pareja y las excepciones podrían hacer una declaración dejando constancia que viven dos personas en la misma casa sin ser pareja (por ejemplo, amigos que comparten piso). No sería demasiado difícil.
De la misma forma que en esas excepciones se dejaría constancia de que no son pareja, para eso que se deje contancia de que sí que lo son (para eso se aprobó el tema de las parejas de hecho). Hay muchos casos de personas que cuando alquilan una vivienda entran a vivir tres o más. sin no comunican nada serían presunta pareja??? quién? los tres?? Tambien hay casos de personas que se empadronan en una casa al alquilar un piso y ya hay gente empadronada a la que no conocen y ya no viven de facto en ese domicilio.creo que todo es tan sencillo como inscribirse como pareja de hecho, firmar el contrato matrimonial u obligar a todas las confesiones a que notifiquen cada matrimonio sea por el rito que sea. un saludo
Con todos los respetos creo que lo que plantea Hugo es una forma de querer enredar las cosas innecesariamente. Primero estaba el matrimonio eclesiástico, y luego se pensó que el civil daría cabida a todos, más tarde resulta que había gente que tampoco se quería casar y se crearon los registros de parejas de hecho. Pero es que ahora resulta que también hay personas que no quieren registrarse, pero llegado el momento exigen que las autoridades les reconozcan aquello que ellos mismos renunciaron comunicarles. No entiendo los prejuicios que pueda tener cada uno para no ir al registro y dar constancia de que vive con otra persona, máxime cuando ello no obliga a nada. Más bien creo que debe tratarse de pura dejación.
Claro que es dejación: porque lo cultural toma las decisiones por nosotros muchas veces. Como lo de la pareja gitana, que tuvo 25 años para registrarse civilmente y no lo hizo. Lo que digo es que hay un fenómeno social, el de las parejas no registradas que en algún momento causará un problema social. Las leyes tienen que interpretar la realidad y hoy una unión familiar ya no es sólo la de la pareja registrada que tiene descendencia. Y no lo es por una cuestión de rebeldía consciente (en general) sino de cambio cultural: y como no es un mal cambio, las leyes no deberían negarlo, sino acomodarse para que las personas vivan cada una de acuerdo con el modelo cultural que decidan sin sufrir por ello menoscabo de sus derechos.
Mi unión con mi pareja es tan férrea como la de quien haya pasado por un registro: que me concedan los mismos derechos familiares que a quin haya pasado por ese registro, aunque esos derechos sean ninguno (que es una posibilidad bien razonable).
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