Los medios de comunicación minimizaron ayer la declaración de la izquierda abertzale batasuna hecha en Altsasu. Fue espectacular el caso del Telediario de Televisión Española (la pública, la de todos), en el que se informaba de las reacciones del PSOE, del PP y del PNV, pero no se informaba de la declaración: es decir, los espectadores sabían qué opinaban esos tres partidos sobre una declaración sobre la que no se les había informado. Ese muro informativo (en palabras de Oskar Matute) sólo tiene un sentido: el pavor que existe a que los ciudadanos piensen por su cuenta, a que exista debate, ilusión, inquietud o incluso escepticismo, pero que no sea desde la dirección vertical de la santa unidad de los demócratas (expresión que es la madre de todos los oximorones)
Lo más importante de la declaración son las tres primeras palabras de su título: «Un primer paso para el proceso democrático: principios y voluntad de la izquierda abertzale«. Efectivamente la izquierda abertzale, como cualquier observador o agente de la política vasca, sabe que esta declaración no abre proceso alguno, pero una lectura de la misma sí encuentra en ella un importante primer paso. Recordemos que los términos de la declaración de Lizarra también apelaban a las vías exclusivamente pacíficas y que ETA declaró una tregua indefinida sólo cuatro días después.
Tras tantos intentos es evidente que ya nadie se arriesgará salvo que la respuesta de ETA sea una declaración creíble de abandono definitivo de las armas. Más allá de que la pervivencia de ETA sea ilegítima con o sin proceso de paz, no queda más solución para que haya un proceso de solución a la violencia de ETA que conllevara alguna consecuencia en la política penal del Estado. Pero sobre todo no queda otra solución para la normalización política del País Vasco, enquistada por muchos factores pero muy principalmente por la existencia de una organización que pretende ejercer de agente político mediante la violencia. Una violencia que causa inmenso sufrimiento a unas cuantas personas y que refuerza los discursos más irracionales y antidemocráticos de quienes se amparan en ese sufrimiento para hacer cómplice de ETA a todo aquel que no comparta el discurso que arregla esto en dos patás.
Sin ese paso de ETA no hay nada que hacer, pero después de la declaración de Altsasu, es creíble que ese paso venga y pronto.
Ayer todas las fuerzas políticas se declararon escépticas. No seré yo menos escéptico (¿quién no quedó escaldado tras la última tregua permanente?). El escepticismo, en cambio, no es sinónimo de resignación. Hay que exigir a todo el mundo que haya aprendido de lo sucedido en el pasado, pero no para que ahora no se saquen fotos que puedan costar votos, sino para que ahora seamos capaces, desde el realismo, de facilitar el fin de tanto sufrimiento, tanto crimen y tanta democracia de tercera.
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Algunos párrafos importantes de la declaración de ayer para la consecución de una vía pacífica:
Se ha prolongado mucho más allá de lo que nadie debiera desear la situación de violencia y enfrentamiento armado, con los costes humanos y políticos que todos y todas conocemos. Es nuestra prioridad superar este escenario.
Estos últimos años se ha avanzado en ciertas cuestiones que han hecho no sólo deseable sino también posible materializar positivamente para toda la ciudadanía un cambio de ciclo (…)Un cambio de ciclo que sustituya el enfrentamiento armado, el bloqueo y la falta de expectativa por el diálogo, el acuerdo y una solución justa estable y duradera para el país.
La izquierda abertzale tiene bien presente que no se trata de conocer o esperar a lo que el resto de agentes están dispuestos a hacer, sino aquello que nosotros y nosotras debemos y tenemos que hacer.
Se pretende afianzar como propios para toda su base militante y social los siguientes principios, que deseamos compartir ahora con la ciudadanía vasca, agentes políticos, sindicales y sociales del país así como con la Comunidad Internacional:
1. La voluntad popular expresada por vías pacíficas y democráticas, se constituye en la única referencia del proceso democrático de solución, tanto para confiar en su puesta en marcha y su óptimo desarrollo así como para alcanzar los acuerdos que deberá refrendar la propia ciudadanía. La Izquierda abertzale, como debieran hacer el resto de agentes, se compromete solemnemente a respetar en cada fase del proceso las decisiones que libre, pacífica y democráticamente vayan adoptando los ciudadanos y ciudadanas vascas.
6. El proceso democrático tiene que desarrollarse en ausencia total de violencia y sin injerencias, mediante la utilización de vías y medios exclusivamente políticos y democráticos.
7. (…) Dicho proceso, entendemos debe regirse por los principios del senador Mitchell. [principios que exigían a las partes en el conflicto irlandés que usaran instrumentos exclusivamente pacíficos para resolver cuestiones políticas y explicitaban la renuncia a usar la fuerza para influir en el proceso]
Por todo ello, nos reafirmamos en nuestra posición sin reservas con un proceso político pacífico y democrático para lograr una democracia inclusiva donde el pueblo vasco, libre y sin intimidación de ningún tipo, determine libremente su futuro