Se da por hecho que la bronca interna en un partido político desgasta electoralmente. Es una intuición que choca reiteradamente con la realidad. En Madrid, por ejemplo, en las elecciones autonómicas de 2007 el PP llegó con su ruptura interna habitual (el duelo Gallardón-Aguirre), Izquierda Unida llegó tras un incendio (Público lrecuerda hoy aquello como auténtica tortura en esa guía para entender IU-CM que pronosticaba ayer ceronegativo)  y el PSM llegó (al menos de puertas para afuera) con una gran paz interna. Sin embargo, el PSM se pegó un castañazo monumental, el PP obtuvo una mayoría absoluta comodísima (sin apenas diferencia de voto entre Gallardón y Aguirre) e IU-CM sacó un resultado más que aceptable. Históricamente los mejores resultados de Izquierda Unida federal coincidieron con la bronca con López Garrido. Con aquel chico diciendo de Julio Anguita lo que hoy no dice de Berlusconi, IU consiguió 21 escaños.

La paz interna, pues, no tiene por qué tener un coste electoral. Sin embargo, sí lo tiene organizativo. Tras años de guerra civil la gente se harta y se marcha a su casa o a su ONG. El PP tiene la suerte de no necesitar militancia, porque su reino es de otro mundo, pero el deterioro de Izquierda Unida probablemente ha tenido mucho que ver con el hastío generado en muchísimos militantes tras el continuo navajeo en el que las voces que más gritan son siempre las que más se oyen.

Precisamente ahora Izquierda Unida lanza un proceso de refundación, en el que nos vamos a reencontrar con las miles de personas que se sienten a la izquierda de la post-socialdemocracia y que o bien estuvieron en IU y se fueron o bien nunca fueron seducidos por este espacio político. No se trata de que vengan a IU, sino de juntos conformar una fuerza política en el que nos apetezca actuar políticamente para enfrentarnos a un sistema injusto.

Ese debería ser el objetivo prioritario de cuantos nos creemos la refundación. Sacar del camino aquellas piedras que impidan labrar la posibilidad de converger con esa gran izquierda huérfana. Y nuestras miserias y guerritas civiles son un gran pedrusco que aleja a quienes podrían caminar con nosotros. Por supuesto en los últimos meses ha habido decisiones que a uno no le han gustado un pelo y ha mostrado sus discrepancias sin problema, pero sin dejar de ser corresponsable del camino emprendido colectivamente. Del mismo modo que hoy leo que Tania, a quien le puede parecer tan grave el calendario electoral interno propuesto como a mí me pudieron parecer decisiones anteriores, afirma hoy en Público que «no queremos peleas» sino fomentar «un frente amplio de izquierdas«. Así debe ser.

Por supuesto en IU tendremos diferencias día a día, ¿cómo no? Y la nueva fuerza de izquierda tendrá que ser también tremendamente plural. Pero afortunadamente hace ya casi un año que parece que hemos admitido todos que no toda discrepancia tiene que ser la cerilla que encienda una nueva guerra civil. Que se peguen quienes busquen mangonearlo todo: nosotras discutamos, decidamos y sigamos hacia ese encuentro con la izquierda que se sienta ilusionada por la refundación de la izquierda.