Hace un mes los periódicos nos informaban del proceso de deliberaciones internas que había habido en ETA. El resultado era el escapismo de la realidad: ETA se negaba a abandonar las armas y mandaba a la basura el otoño prometido por Otegi. La semana pasada la detención de Otegi, Rafa Díez y otras personas que estaban reunidas en la sede de un sindicato legal se explicó por su intento de formar un partido político que conseguiría de ETA una «tregua encubierta» (el concepto inventado por Garzón resulta fascinante: supongo que tregua encubierta quiere decir que ETA estaría en realidad en tregua, pero seguiría matando y poniendo bombas para disimular y que no nos diéramos cuenta de que realmente había tregua).

Ayer la cosa resultaba más fascinante: la SER informaba de que ETA había contactado con intermediarios en Gran Bretaña y les había explicado que por fin sabían que la única forma de conseguir sus objetivos era el abandono de las armas y la lucha por vías exclusivamente políticas. Según la crónica, ETA planteaba comunicar una tregua a finales de noviembre y comunicaría que ésta era irreversible: de ahí el intento de organizar un frente político al margen de la violencia. Pero afortunadamente la operación de Garzón y Rubalcaba nos libró del terrible horizonte que suponía que ETA llevase a cabo ese maquiavélico plan de abandonar las armas.

Ayer, al detener al jefe del aparato político de los últimos quince días Rubalcaba nos explicó que «algo tenía que ver» con Otegi y compañía. Sin presentar ni una sola prueba, aunque fuera inventada, los medios ya se lanzaron a titular que el etarra detenido daba órdenes a los políticos detenidos de la semana pasada. Uno no se imagina que el consenso en los titulares de todos los medios tenga un origen distinto que el Ministerio del Interior.

Las versiones cambian en el mismo día y quien por la mañana dijo negro, por la tarde dice blanco. Y quien señale la ontradicción es un vergonzante cómplice de ETA.

Es imposible saber qué es verdad y qué mentira en toda esta fabulosa operación de propaganda. No hay quien contraste información alguna, quien no se ponga a la orden. Quien mantenga un punto de vista que no sea el dictado será despedido (la nueva ETB, tan democrática tan cambiada, tan de todos y todas las vascas, destituyó al equipo de informativos porque no gustó al PPOE gobernante cómo informaron de la detención de los políticos reunidos en la sede de LAB; como en su día destituyeron al director de informativos de Telemadrid por un reportaje sobre Euskadi «demasiado neutral»). Quien no vive de su opinión y no pueda ser despedido será tildado de cómplice, de tonto útil o de seguir la estrategia de ETA. Alcaraz ya no sabe cómo protestar.

No sé si queda alguien que aspire a trabajar por la paz. Lo que parece totalmente descartado es que se pueda usar simplemente la razón.